REVISTA NOMBRE

REVISTA NOMBRE fue creada por los escritores Axel Díaz Maimone y Nicolás Antonioli con el fin de promocionar y difundir a autores de toda índole y procedencia, clásicos y modernos. Esta publicación esta abierta para cualquier tipo de material literario y/o artísitico en general, es por eso que los editores solicitan a quienes estén interesados que envien sus textos (ensayos, monografias, poemas, cuentos, canciones, novelas, teatro, etc.) a la siguiente dirección de mail: nicolas_antonioli@yahoo.com.ar





viernes, 16 de mayo de 2014

ENTREVISTA AL POETA LEOPOLDO MARÍA PANERO (1948-2014)



Entrevista al poeta español Leopoldo María Panero
“La literatura está concluida hace mucho tiempo”
Por Augusto Rodríguez

Leopoldo María Panero (Madrid, España, 1948) es, sin duda, uno de los poetas más importantes de nuestra lengua. Es el autor más radical de su generación. Tiene varios libros emblemáticos de poesía como Así se fundó Carnaby Street, Poemas del manicomio de Mondragón, Guarida de un animal que no existe, Teoría del miedo, entre otros. Vive desde hace muchos años en hospitales psiquiátricos o manicomios. A continuación leeremos algo más sobre su vida y su obra poética:
- Leopoldo, ¿a qué edad empiezas a escribir poesía?
- A los cinco años empecé a dictarle poemas a mi madre. Obviamente mi madre anotaba solo lo que me entendía. Desde esa edad ya recitaba poemas. Mi madre fue mi primera maestra. Ya mucho después el poeta Pedro Gimferrer me escuchó leer poesía, le encantó y me llevó a Barcelona para que diera algunos recitales y me presentó a mucha gente. Muchos de ellos fueron o son mis amigos.
-¿Qué tan importante fue que te incluyeran en la famosa antología de Los Novísimos?
- Realmente esa antología la hizo Gimferrer no José María Castellet. Te diré que sí, fue muy importante. Hay buenos poetas en esa antología sobre todo me gusta la poesía de Carnero. Es muy buen poeta. De otros no puedo decir lo mismo.
- ¿Cómo es tu relación con otros poetas de tu generación o con los poetas españoles actualmente?
- Me gusta la poesía de Antonio Colinas a pesar de que él sea muy feo y de Gimferrer. Otro gran poeta que estuvo en mi misma senda y que fuimos muy amigos, pero ya no está es el poeta Claudio Rodríguez. De los demás no me gusta nada. No me gusta la poesía española. No me gusta la poesía de mis contemporáneos. Me aburre y me da asco. La poesía que leo, es la anterior. Poetas como Lorca o la poesía barroca española como Luis de Góngora. Todos los poetas y mis amigos me han abandonado y se han hecho de la CIA. Todos viven del dinero que reciben de la CIA. Me han querido envenenar muchas veces. La CIA ha pagado para que me envenenen y hace más de nueve años que no lo logran. De paso, en España dicen que yo soy el anticristo. Por ejemplo, yo una vez le dije a Claudio Ritso que no tiene estilo y en seguida hizo cosas de mal gusto y hasta trató de matarme.
- Hablemos de tu poesía, ¿Qué me puedes decir de tu propia poética?
- En la poesía existen dos grandes tendencias. Una es la línea de Whitman y la otra es la de Edgar Allan Poe. De Whitman nacieron Los Beat, poetas como Kerouac, Ginsbergm William S. Burroughs y otros más que van por la poética de la experiencia. De Poe podría decir que es una poesía más apegada a la estética y la técnica, de esta línea nacieron poetas como Pound. Yo soy heredero de esa vertiente.
-Hace algunos años publicaste un libro denominado Globo rojo que recopila la poesía de pacientes de un manicomio español. ¿Qué me puedes decir de este libro?
- Es un libro que está bien. En ese libro hay grandes poetas. De la locura nace la mejor poesía. En ese libro los poetas se miran cara a cara con la muerte. De eso recuerdo a Pound que es uno de los más grandes poetas que ha dado la poesía. Después de él la poesía está concluida.
- Sé que lees y hablas varios idiomas y sé que siempre relees a poetas franceses como Verlaine, Mallarmé o Baudelaire.  Dime también, ¿por qué dices que con Pound la poesía está concluida?
- Así es. A todos ellos releo constantemente. Sobre todo a Mallarmé porque es un poeta de gran inspiración y es un poeta perfecto. Pound tiene una técnica única. Yo leo en francés, inglés, italiano y en español. Es decir, los leo en sus propios idiomas. Acabo de publicar un libro que se llama Reflexión donde digo que la literatura está concluida hace mucho tiempo. Joyce en la narrativa y Pound en la poesía. Joyce creó con El Ulises la obra máxima y es inigualable. Pound nos enfrentó al vacío. Y eso es lo que hay ahora, vacío y nada en la literatura como en la vida.
- ¿Qué opinas que todo el tiempo se te esté catalogando como poeta maldito o poeta loco, casi como si fuera una etiqueta?
- Estoy aburrido de esto. Yo no soy un poeta maldito. De paso, en España me creen loco. Podré ser un monstruo pero no estoy loco. Sabes, te diré que sigo esperando que me den el Premio Nobel de Literatura. Ya llevo cuatro años y no me lo dan. Tal vez no me lo darán porque vivo en un manicomio y me llaman lo peor de España, el anticristo, el demonio.
-Sé que eres un ferviente crítico de España, inclusive tienes un libro que se llama Contra España y otros poemas de no amor, ¿qué puedes decir de esto?
- En España anda todo mal. Todos son de la CIA. Todos comen gracias a la CIA. Han querido hacer hasta una película sobre mi relación con España. Pero no me interesa. Yo quiero hablar de la muerte, de los viajes, del sufrimiento que vivo. Los manicomios son campos de exterminio nazi. Te diré que hay muchos que quieren morir, la verdad, es que yo quiero vivir. No quiero morir todavía. 
- ¿Qué opinas del Gobierno de Zapatero y de la lucha de ETA?
- Zapatero no es tan mal presidente. Abolió la pena de muerte. Con Aznar estábamos mucho peor. Pero siempre he creído que cada país tiene el Gobierno que se merece. Yo soy un gran defensor de la lucha de ETA. Los de ETA son los hombres más valientes y honorables de toda España. Los de ETA no son asesinos. A mi hermano Michi Panero lo envenenaron con una botella de Ginebra. La CIA ha querido hacer lo mismo conmigo, pero no han podido. Y también han tratado que me suicide, pero tampoco han podido. Los asesinos son los otros. Los de ETA son ateos y por eso están más cerca de la verdad. Yo te diré que me cago en la Virgen y en Dios.
-¿Actualmente en qué proyectos literarios estás?
He escrito ensayos, cuentos y una radio novela. Sigo escribiendo siempre. Ahora escribo más narrativa. Me interesa por ahora más la narrativa actual. Sin abandonar mis ideas y mis principios. No como esos que escriben haikus que es pura poesía femenina. Mi poesía crucifica a la vida. Mi poesía les enseña lo mal que está la vida.

* * *
Blancanieves se despide de los siete enanos

Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.


 
Canción para una discoteca

No tenemos fe
al otro lado de esta vida
sólo espera el rock and roll
lo dice la calavera que hay entre mis manos
baila, baila el rock and roll
para el rock el tiempo y la vida son una miseria
el alcohol y el haschisch no dicen nada de la vida
sexo, drogas y rock and roll
el sol no brilla por el hombre,
lo mismo que el sexo y las drogas;
la muerte es la cuna del rock and roll.
Baila hasta que la muerte te llame
y diga suavemente entra
entra en el reino del rock and roll.

Himno a Satán

     Tú que eres tan sólo
una herida en la pared
y un rasguño en la frente
que induce suavemente a la muerte:
tú ayudas a los débiles
mejor que los cristianos
tú vienes de las estrellas
y odias esta tierra
donde moribundos descalzos
se dan la mano día tras día
buscando entre la mierda
     la razón de su vida;
yo que nací del excremento
     te amo
y amo posar sobre tus manos delicadas mis heces.
Tu símbolo es el ciervo
y el mío la luna:
                            que caiga la lluvia sobre
     nuestras faces
uniéndonos en un abrazo
silencioso y cruel en que
como el suicidio, sueño
sin ángeles ni mujeres
desnudo de todo
salvo de tu nombre
          de tus besos en mi ano
y tus caricias en mi cabeza calva
rociaremos con vino, orina y sangre
     las iglesias
regalo de los magos
y debajo del crucifijo
aullaremos.

martes, 4 de diciembre de 2012

CINCO GUERREROS// Autor: Gonzalo Salesky //

Llegaremos a Brasilia en dos horas. Nos aprestamos para la gran batalla.

Hace décadas que la opresión viene forjando nuestro deseo de luchar y de ser

libres.

Ajusto mi cinturón y me preparo para el lanzamiento. Mis cuatro

compañeros de cápsula están listos. Alfa 9810 tiene los ojos cerrados, quizá por

los nervios, quizá por la emoción. Es su primer vuelo fuera del continente. El resto

de nosotros tiene algo de experiencia, pero no más valentía.

Mi nombre es Beta 4791. Nací el día doce del primer mes de 2083 en la

base europea Esperança, cerca del país que antes llamaban España. No tuve la

suerte de conocer a mis padres. Tal vez ellos también estén viajando en alguna de

las miles de naves que nuestro Líder ha enviado hacia el Imperio.

Allí, no nos esperan. No conocen nuestras nuevas armas. Ni siquiera saben

de nosotros, encerrados en sus enormes burbujas, distraídos por sus pantallas,

alienados por sus medios de comunicación… no imaginan que vamos a invadirlos.

*

En mi infancia escuché una hermosa leyenda. Relataba la cruzada de

grandes hombres, que liberaron Eurasia de un oscuro tirano.
La comparto para animar a mis compañeros. Delta 0462 me asegura que la

historia es cierta y que ocurrió hace unos doscientos años. ¡Doscientos años!

¿Será así? Ojalá recuerden esta gesta durante tanto tiempo.

Por ahora, no sé nada de Gama ni de Omega. Ni sus números de serie, ni

su edad... Pero en sus rostros veo el mismo maltrato que hemos sufrido como

pueblo.

Pese a todo, pudimos adaptarnos. Siempre lo hicimos. Estamos decididos a

ser libres. Acabo de cumplir dieciocho años y nunca pude decir lo que sentía. Me

acostumbré a hablar en voz baja, a no mirar a los ojos, a callar, a no pensar

distinto.

Con Alfa fuimos compañeros de escuela-cárcel. Doce años completos

levantándonos de noche, picando roca, limpiando el excremento de nuestros

dictadores de América del Sur. Setecientos metros bajo la superficie, casi sin luz ni

agua, con poco aire…

La esclavitud ha moldeado y templado nuestro espíritu. Así, aprendimos a

compartirlo todo. No lo que sobraba, lo que faltaba y apenas alcanzaba.

Día tras día, creció en nosotros el sueño de libertad.

*

Pasan los minutos y siento que mi traje me ajusta bastante. Acostumbrado

a la escasez, llevo pocas provisiones. Sólo guardo dentro de mi ropa una fotomóvil

de mi futura esposa, que una y otra vez me saluda y alienta. Eso me hace

más fuerte y me asegura que esta guerra… esta guerra valdrá la pena.
Seguimos volando, cada vez más rápido, en una de las naves que la

Resistencia ha lanzado rumbo a la capital del Imperio Suramericano. Aquí, como

en las otras, hay cinco guerreros dispuestos a todo, uno de cada raza europea.

Kilómetros y kilómetros de orgullo y valor me rodean.

En este momento, en mi pantalla-facial aparece la imagen de nuestro Líder,

que nos repite, con voz serena pero firme:

VAMOS POR TODO. QUEREMOS SER LIBRES...

VAMOS POR TODO. QUEREMOS SER LIBRES...

VAMOS POR TODO. QUEREMOS SER LIBRES...

Con la tranquilidad del que es capaz de dar la vida por lo que ama, me

recuesto sobre la ventana que muestra las estrellas y trato de descansar un poco.

*

Sólo faltan cuarenta segundos para llegar. Me siento feliz. Veo a través de

mi casco que la batalla final ha comenzado. Y estoy seguro… la victoria será

nuestra.

¡Viva la Gran Eurasia! ¡Viva!

Cinco guerreros - Finalista del II Premio de Relato

“Taller de Escritores” (Barcelona, España)

jueves, 22 de noviembre de 2012

La emocracia global // escrito por Carlos Fajardo Fajardo

Tiende a generalizarse una forma de pensamiento en el cual ocupan las emociones un lugar que altera el análisis frío, como se requiere, para lograr resultados más objetivos

"Detrás de los actuales debates teóricos sobre nacionalismo, sobre identidad, sobre política y fundamentalismo religioso, hay un tema oculto: la pasión". La frase de Michael Walser nos ubica en el punto candente de las actuales sensibilidades políticas, donde se organizan las ideologías con base en la emoción pasional de los ciudadanos, gracias a los medios y las lógicas del mercado. La pasión ideológica lo colma todo en el neoconservadurismo actual. Contrario al procedimiento razonable y democrático, que llega a la aceptación de acuerdos, "la pasión –nos dice Walser– es siempre impulsiva, sin mediaciones: lo quiero todo o nada". De esto al fascismo no hay distancia alguna. Sus resultados son los dogmatismos, el terror, las persecuciones, las acusaciones, y, por ende, paranoias y atrocidades. Por lo mismo, la emocracia pasional fomenta el salvajismo de los muchos a favor de los pocos. Ante la ley de la doctrina tiránica emocrática, se inclina una apasionada muchedumbre vehemente. Es como si se hubiera alcanzado el estadio de un cogito interruptus, suspendiendo todo pensamiento ante el gran ídolo. Pero aclaremos: la pasión estética e imaginativa, como sabemos, ha edificado y fundado las más grandes e inquietantes obras del espíritu. No es por esta pasión plena de poesía que disparamos nuestra alarma sino por aquella masiva y adoctrinada, la cual en un instante puede destrozar, en forma sangrienta, las más poéticas obras.

He aquí el resultado de lo llamado por nosotros Emocracia global: una pasión ideológica, enajenada y obesa de certidumbres absolutas, lo cual desafía cualquier sensatez, cualquier alteridad, cualquier respeto a la diferencia. Sus consecuencias son predecibles: redes de informantes, caza de brujas, odio combinado con fe y creencia. Las sensibilidades contemporáneas globales son su mejor ejemplo. La emocracia ha permeado toda la cultura, formando ciudadanos obedientes que dan un sí a la destrucción de sus adversarios, un sí a su aniquilamiento y, lo peor, votan por la guerra. Éstos, tal como nos lo ilustra Walser, "no son una sangre tranquila sino que hierve; por eso son exagerados y apasionados, ansiosos como están por derramar la sangre de sus enemigos [...] Y los peores de ellos son los demagogos que se ponen a su cabeza, a los que no se concibe como cínicos manipuladores o príncipes maquiavélicos sino como hombres y mujeres que comparten plenamente las pasiones de las personas a las que guían. Eso es lo que se quiere decir con 'energía apasionada': los sentimientos son genuinos y por eso producen tanto miedo".

Convencidos de haber actuado correctamente, estos ciudadanos se muestran felices y triunfantes. Han estado demasiado tiempo bajo una burbuja mercantil y mediática, creada y organizada por los dueños del globo. Ya lo había diagnosticado Gilles Deleuze: hoy vivimos en sociedades controladas a través del mercado y las máquinas informáticas, las cuales crean nuevas formas de vigilancia. Escuchémosle: "El departamento de ventas se ha convertido en el centro, en el 'alma', lo que supone una de las noticias más terribles del mundo. Ahora, el instrumento de control social es el marketing, y en él se forma la raza descarada de nuestros dueños [...] El hombre ya no está encerrado sino endeudado". Es, pues, la instalación efectiva de un despotismo delicioso, alimento de la emocracia.

Control continuo y permanente sin que el implicado se queje. Tal es nuestra actual cartografía mental y sensible; tal nuestro nuevo encierro histórico. ¿Qué responsabilidad ética tiene el colectivo que apoya todas estas manifestaciones de una emocracia masificada? Es obvio que tales regímenes no pueden sobrevivir sin la complicidad de una colectividad que apoye sus propuestas, a pesar de que conozcan los horrores y los errores de sus gobernantes. He aquí una de las demandas del autoritarismo en general: absorber a los individuos haciéndoles perder su autonomía crítica. Sin escisiones ni rupturas, los ciudadanos asumen "la Gran verdad" del régimen en rigor; es la mimesis entre lo privado y lo público, una totalidad sin fisuras. Su misión es mesiánica, un disparo al futuro de salvación. Para lograr tal teleología, en su terrible agenda se lee la eliminación de cualquier opositor. Totalitarismo en serio y en serie. Imposición de una colectividad adoctrinada y efusiva, con el proyecto de establecer el pensamiento único de un líder supremo situado por encima del Estado de Derecho y el orden jurídico, con una fuerte estructura burocrática y corrupta.

Gracias al monopolio de los medios y de la economía de mercado, se garantiza el triunfo y la permanencia de la emocracia globalitaria, como también el rechazo a toda memoria histórica, la exaltación del culto a la personalidad, la repugnancia hacia cualquier actitud dubitativa, el aplauso a los rituales de un nacionalismo neoconservador retardatario. Al decir de Hebert Gatto, "el totalitarismo contiene elementos que lo aparentan con las viejas teocracias históricas. Pero no es una de ellas sino una respuesta política secular, moderna, en un tiempo en que Dios ha dejado de operar. Si el Ser Supremo, como autor o legitimador de la moral, dejó de ser el centro de la escena, es necesario que surja un sucedáneo que permita volver a aplicar sus pautas desde arriba, sin necesidad de recurrir a la religión".

De esta manera se impone una moral unitaria, centralizada, homogénea, donde toda contradicción, todo disentimiento, se vuelven delito. Bajo este ambiente se incuban y florecen las pasiones ideológicas, alimentadas por la propaganda y la publicidad, las cuales hechizan y fascinan, seducen y ordenan obedecer al mandatario supremo. La propaganda, entonces, cumple el papel de constructor de mundos ficticios, asumidos por el ciudadano como reales. "Ganarse el corazón del pueblo", proclamaba Josef Goebbels, el ministro de Instrucción Popular y Propaganda del Nazismo. Ganarse la pasión, la emoción guerrerista, masificada en red, a través de valores tradicionales, religiosos y patrioteros. Ganarse el corazón del pueblo a través del miedo a un inventado enemigo. Como tal, es una influencia desproporcionada sobre las mentalidades. En ello se puede observar la exaltación al dominante como modelo por seguir –e imitar–, la idolatría a las fuerzas armadas y a su sentido heroico, la subordinación del individuo a los principios del jefe, padre modelo protector a la vez que autoritario. Es la imagen social de una cultura cerrada y provincial. La premodernidad activa, gozando de buena salud.

Seducción, fascinación ante el espectáculo masivo del poder. Creación de sensaciones que buscan generar en el individuo masificado la idea del triunfo y de la importancia plena de su líder. ¿Cuáles son las consecuencias políticas? La parálisis ideológica, la no acción frente al horror de los sucesos. Es como entrar a la "peste del olvido" macondiana, a una burbuja doctrinal. Parálisis mental, pues ya existe alguien que piensa por todos; parálisis política, pues el gran líder mesiánico ya actúa en ese campo a favor de sus subordinados, y parálisis de opinión, autocensura desmedida, pues el gran sacerdote opina con verdad y sapiencia sobre todos los asuntos con "una inteligencia superior". Obediencia y silencio, ignorancia y colaboración. ¡Vayan esperanzas!
 

sábado, 6 de octubre de 2012

LA JUNTADA DE APOA

 

LA JUNTADA  DE APOA

ANTOLOGÍA VIVA DE LA NUEVA POESÍA ARGENTINA

Por Nicolás Antonioli, Coordinador de La Juntada 2012


En octubre los poetas, que se perfilan como exponentes de la poesía joven de nuestro país, tuvieron su espacio en la edición 2012 del encuentro  La Juntada – IV Festival de Poesía Joven Argentina- que se viene desarrollando ininterrumpidamente desde el año 2009, cuando el escritor y gestor cultural Cayetano Zemborain propuso la idea ante  la “mesa joven” de la Asociación de Poetas Argentinos (APOA) y la necesidad de concretar el proyecto  LA JUNTADA.
Este grupo de poetas que se encuentra desperdigado por el territorio nacional, como si fuesen gallitos ciegos de la poesía, tenían y tienen mucho para decir y para nombrar. Los mal llamados “poetas zero” por haber empezado a publicar en los primeros 10 años de este siglo XXI y por cometer el error de presuponer que su poesía es “light, pero que no se note” -opinión desafortunada y poco inteligente- que deriva de la falta de lectura crítica que todavía existe de los nuevos poetas. Lejos de toda ostentación se está escribiendo, según Zemborain, para desmitificar y perfeccionar lo que nos dejó la poética de los ´90, estamos ante la expectación, no podemos hablar de “mucho ruido y pocos libros” como en los ´80, la cosa va por el lado virtual, las nuevas tecnologías, la experimentación y el ensamble de la mayor cantidad de artes posibles con la madre de todas las artes: La poesía. Esto se deja traslucir en radio y televisión, en publicidad, en la vía pública, en el cine, estamos ante un de la poesía en Latinoamérica, su intensidad y prolongación en el tiempo será seguramente de importancia, pero a largo plazo.        
Zemborain explica en una entrevista que concedió por aquel año, ante las dudas que manifestaban algunos poetas de, como diría Osvaldo Lamborghini, “EN-VERGA-DURA” a raíz del eminente avance de una generación heterogénea, que hasta entonces no había conseguido abrirse paso en los circuitos oficiales:
Una nueva generación asoma en la rica tradición de la poesía argentina, en la que algunos de sus integrantes poseen varios libros publicados y otros todavía permanecen inéditos. Unos pocos de estos autores ya fueron incorporados a diversas antologías recientes, como POETAS ARGENTINAS (1961 1980), selección y prólogo de Andi Nachón; ANTOLOGÍA DE LOS POETAS DEL NORTE preparada por Santiago Sylvester y ÚLTIMA POESÍA ARGENTINA, cuya selección estuvo a cargo de Gabriela Franco, Eduardo Mileo y Javier Cófreces”.
Por otro lado Zemborain reafirma la utilidad que en este caso representa una entidad, para reunir aunque sea por unos días a buena parte de los poetas más frecuentados en BLOGS, FACEBOOK, REVISTAS DIGITALES, COLECTIVOS, GRUPOS DE PERFORMERS y otros medios de difusión. Tenerlos a todos juntos, en un mismo lugar sería imposible sin un trabajo previo de investigación, según Zemborain, encarado seriamente por una institución como la Asociación de Poetas Argentinos (APOA). Es por eso que ésta no quiso estar ausente en el trabajo ya iniciado por los antólogos citados y preparó a tal fin una antología oral de la novísima generación de la que hablamos. Dicha antología la hemos denominado -LA JUNTADA – Festival de Poesía Joven Argentina, con el deseo de estar presenciando una verdadera Muestra de la Nueva Poesía Argentina, cuyos objetivos principales son dar una aproximación parcial de las distintas voces poéticas de nuestras provincias, para que los poetas sean escuchados por intermedio de sus lecturas y el posibilitar la conexión entre ellos.
                                                                                                                  
LA JUNTADA de APOA, desde entonces así se conoce a este bien llamado “evento” que irrumpe en la monotonía de voces conocidas que pululan en el escenario poético de Buenos Aires, a este fenómeno cultural que nuclea a escritores menores de 30 años, a este encuentro nacional que se repite por cuarta vez con el único fin de compartir y difundir la poesía entre la gente. La idea de reunirse para generar el entramado cultural que posibilite un mayor reconocimiento del género y un abrirse al mundo, está en marcha. De esta manera APOA sigue creyendo que lo único que no soporta la poesía es la prohibición y el aislamiento, por eso La Juntada.

No podemos hablar de generación, hablamos del presente. Cada uno desde su realidad parte hacia la creación poética con materiales impredecibles y forma parte de una nueva época iniciática.

Este año el festival alcanzó los 144 poetas invitados, provenientes de casi todas las provincias del país, exceptuando a La Rioja, que por el momento no ha participado del encuentro por problemas de índole burocrático.
Este año el festival contó con el apoyo desinteresado de:
Diego Skliar (FM La Tribu 88.7)
Tom Lupo (AM Radio Del Plata 1030 KHz)
Luis Calvo (FM Radio Cultura 99.7)
Cayetano Zemborain (Revista El Búho)
Silvia Pastrana y Dani Grad (Producción: Carolina Rodríguez//Radio Arinfo- Programa Luna Enlozada -APOA)
Reynaldo Sietecase  

lunes, 2 de enero de 2012

Poema inédito (by Nicolás Antonioli)

soy demasiado malo con los nombres de los poemas

a Nadina Tauhil

entonces su palabra agujereaba el viento
en esa noche desconocíamos todo/ incluso nuestra existencia
ella lo dice mejor: "siempre hay que dejar algo pendiente" (y guiños de ojos se daban nuestras almas)
porque un ladrar se retuerce
nadie bajará ahora a ese lugar debajo de la tierra
el viejo cuervo observa esa disquisición
es todo fugaz como una letra que ella sabe decir
de cosas pendientes y arrebatos en eso yo robé tu nombre
vos embustera la voz para pronunciarlo
así se habla también// cobardes

ella habla y ríe/// respira mejor que yo

en este momento algunos planetas
algunos libros apilados en el aire y unas hadas misteriosas
se alinean o complotan
hasta que la próxima vez se salga de esta ficción
para ser posible
tan posible
como una voz
encerrada
en un frasquito color caramelo

pd: (desde entonces aguardo respuestas que anulen esa libertad)

sábado, 20 de noviembre de 2010

Homenaje a Mujica Lainez II

Una visita a "El Paraíso"

Texto y fotografías de Axel Díaz Maimone


I.- Una mansión en Cruz Chica

La casa está a tres kilómetros de La Cumbre, en Cruz Chica, una localidad del Valle de Punilla. El lugar es espléndido, paradisíaco.
A principios del siglo XX, el español Ramón Cabezas -que había sido Presidente del Club Español de Buenos Aires y estaba casado con Rosario Pizarro viuda de Cordero-, compró un terreno de veintidós hectáreas (desde la actual Calle Manuel Mujica Lainez , entonces General Alvear, hacia arriba de la sierra) a un señor de apellido Lunsdaine. El predio había pertenecido a uno de los primeros conquistadores españoles que pasaron por Córdoba, y había pasado por distintas manos hasta que lo adquirió Cabezas.



Entrada


Se cuenta que uno de los antiguos propietarios, Mr. Littlemore, fue asesinado en el lugar donde hoy está el comedor por el amante de su esposa, y desde entonces su espíritu habita en la casa. Miroslav Scheuba, un amigo compartido con Mujica Lainez, me asegura haberlo visto durante su estadía en “El Paraíso”.
Ramón Cabezas levantó, en 1915, la casona principal -casi sobre la calle, para complacer a su esposa que solía sentarse en la terraza a mirar el ir y venir de coches y vecinos-, otras casas de menor porte, una sala de conciertos, una botera, la caballeriza, un taller, la casa del personal, una especie de teatro, un lago artificial, un mirador y una pileta de natación. El conjunto fue construido por el arquitecto francés Leon Dourge, y está rodeado por un grandioso parque en el que, armoniosamente, conviven caratos, dalias, cañaverales, enredaderas, un alcornoque, buxus, numerosos frutales, laureles, brucos, locontes, talas, molles, jazmines, nenúfares que pueblan una fuente...
La casa principal, de estilo colonial español con reminiscencias italianas, tiene treinta y tres ambientes. La habitaban Don Ramón Cabezas, Rosario Pizarro de Cabezas y un hijo de ésta con su primer marido, de apellido Cordero.
Según el recuerdo de quienes la conocieron, Doña Rosario Pizarro era una mujer exageradamente gorda, a tal punto que la madre de Manuel Mujica Lainez -Lucía Lainez Varela de Mujica Farías- “se acordaba de ella en el Teatro Colón ocupando todo un palco y asomando por detrás unas cabecitas”.[1]





Vista exterior




Cuando Misia Rosario (como la llamaba Manucho) decidía bañarse en la pileta de su casa de Cruz Chica, la llevaban en un antiguo coche hasta la pileta; ella bajaba vestida con un amplio batón y luego corrían una especie de telón para evitar que la viera alguna persona mientras disfrutaba del contacto con el agua en los calurosos días de los veranos cordobeses. Después del baño, se sentaba en la terraza y saludaba ceremoniosamente a todo aquel que pasara frente a su casa, fuera o no conocido de ella o de Cabezas.
Muchos años después, promediando el segundo cuarto del siglo XX, Don Ramón Cabezas decidió volver a su España natal. Antes de viajar, dejó un poder a su esposa y a su hijastro para que pudieran disponer de todos sus bienes; en poco tiempo, madre e hijo despilfarraron toda su fortuna, vendiendo hasta el mobiliario de la casa de Cruz Chica.
Cuando Cabezas volvió de España, a los seis meses, se encontró arruinado. Para tratar de salir de la crisis económica, se vio obligado a vender El Paraíso. Al poco tiempo murió en la miseria.
La casa la compró, entonces, un hombre de apellido Parada, quien se la dejó en herencia a sus hijas. Las hijas de Parada, con sus esposos, reformaron y ampliaron la residencia. Con el correr del tiempo, lotearon el terreno; luego, en 1957, pusieron en venta la casa.
Once años estuvo el cartel de venta en “El Paraíso”, que permaneció cerrado y en ruinas todo ese tiempo, con un parque de seis hectáreas y media que se había convertido en un bosque frondoso y desordenado.

***

II.- El Paraíso de Manucho




Vista desde la calle Manuel Mujica Lainez



En 1968, el 18 de octubre, Manuel Mujica Lainez visitó por primera vez El Paraíso. Estaba en Córdoba con su esposa, y ahí empezaron a buscar un lugar donde vivir cuando él se jubilara del Diario La Nación, lejos del ruido mundanal de Buenos Aires.
A medida que Manucho y Anita recorrían la casa junto con Laura Saniez y Martín Bartolomé, abriendo ventanas y postigos, él fue poblando mentalmente cada ambiente con sus libros, sus muebles, sus antigüedades, cuadros y objetos de arte.
La casa costaba ocho millones de pesos, importe que Mujica Lainez no tenía en ese momento. Pero de todos modos, se fue de El Paraíso sabiendo que ése era el lugar en que quería vivir sus últimos años, y que -tarde o temprano- sería suyo.
Meses después volvió a visitar la casa y a amoblarla con su imaginación. En ese momento decidió comprarla, y ofertó por carta siete millones de pesos, que sus dueños aceptaron.
No obstante haber rebajado el precio, Manucho fijó la forma de pago: a principios de enero de 1969 entregaría el primer millón; a fin de mes el segundo; y los cinco restantes, en abril. La primera entrega provenía de sus derechos autor y del Premio Forti Glori que recibió en 1968; la segunda, de la venta del Autorretrato de Miguel Carlos Victorica, que el pintor le había regalado cuando lo pintó en 1948; y los cinco millones restantes, de futuros derechos de autor y de herencias recibidas por Anita.
El 24 de febrero de 1969 se concretó la entrega de llaves en la galería española de la entrada, cerca de los mosaicos que reproducen La rendición de Breda. Martín Bartolomé inmortalizó el acto en una serie de fotografías. El 19 de abril el escritor y su mujer terminaron de pagar la casa, y entonces comenzó a organizarse la mudanza.
A principios de mayo salió el primer camión de mudanzas, acarreando objetos y mobiliario de la casona de la calle O’Higgins 2150 de Buenos Aires, hacia “El Paraíso”. Le sucedieron otros diez.
La mudanza duró siete meses, en los cuales el novelista acomodó pieza por pieza en cada lugar de la casa, de acuerdo a croquis que él mismo realizaba, y ordenó los veinte mil volúmenes de la biblioteca. Anita fue la única persona a quien Manucho le permitió ayudar en el arduo trabajo del cambio de casa. Durante el tiempo que llevó la mudanza, el novelista perdió siete kilos y se enfermó, y esa enfermedad lo distrajo de su obra a tal punto que durante casi dos años no escribió ni publicó ningún libro.
Mientras organizaba la mudanza, Mujica Lainez escribió la historia del Valle de Punilla y le pidió a las ceramistas Mabel y María Castellanos que la copiaran en azul sobre unos azulejos blancos, para poner en el patio andaluz. A su vez, encargó a una sobrina de Rosario Pizarro que hiciera en cerámica el escudo de armas de los Pizarro para ponerlo en la entrada como un pequeño homenaje a los hacedores del lugar.
En diciembre de 1969 Manuel Mujica Lainez se instaló definitivamente en El Paraíso, junto a Anita, a su madre, y a tres de las tías Lainez (Josefina, Ana María y Marta). Desde entonces, la vieja casona de Cruz Chica fue El Paraíso de Manucho: allí, disfrutando la cercanía de las sierras y el encanto de la casa y del jardín, Manuel Mujica Lainez escribió el cuarenta por ciento de su obra; allí vivió -como soñaba- rodeado de amigos y familiares; allí lloró la muerte de su madre y de sus tías Josefina y Ana María; allí murió, en el otoño de 1984; y allí perdura su espíritu, acompañando a cada visitante que, buscándolo, llega a El Paraíso.

***

III.- Recorriendo El Paraíso



La visita a la casa comienza en la explanada contigua al comedor: una terraza de adoquines con canteros y una estatua de piedra gris que reproduce el Aquiles de Philibert Vigier que se encuentra en el Tapis Vert del Palacio de Versalles.




Aquiles


Cruzando la puerta cancel con vidrios rectangulares y rejas negras, rejas que colocó Manucho y que le fueron regaladas por Teresa Aguirre de Guerrico, se pasa de la terraza al fumoir. En esa salita, en una esquina, se encuentra el sillón preferido de Mujica Lainez, donde él se sentaba a fumar y a conversar con sus amigos después de las comidas; a su lado, una mesa redonda de madera con imaginería religiosa de antaño, y luego dos sillones enfrentados, uno a cada lado de la chimenea. Atrás del sillón izquierdo, en una angosta pared entre los ventanales, hay colgado un Komuso, bastón de poco más de dos metros, que fue de un monje mendicante japonés del siglo XVIII y que Mujica trajo de su viaje al Oriente, en 1940, junto con la estela funeraria de Manchuria que se encuentra incrustada en la chimenea en cuyo reverso se lee una maldición para quien la robe: “Que nadie ose tocar esta piedra en forma de Buda, que hice tallar en tal mes de primavera, de tal reinado de la dinastía Yuan, porque sobre él caerá mi maldición”. Sobre la consola de la chimenea hay cinco huacos antropomorfos de la cultura Chancay que fueron utilizados para ritos tribales en el siglo IX en el Perú. En la misma habitación, dos mesas exhiben piezas alegóricas a las obras del novelista: siete demonios de metal y varios escarabajos de distintos materiales.


Fumoir


Frente al fumoir está el comedor, con una antigua y pesada mesa extensible de madera y las sillas rodeándola. En la pared de la cabecera, un mueble perteneciente a la familia de Anita y usado para guardar las casullas de los sacerdotes en el siglo XVII, sirve de apoyo a cinco figuras orientales de porcelana; y sobre la pared que está atrás, tres cuadros: Presentación del caballo, de Raúl Soldi; Castel Sant’Angelo, de Miguel Carlos Victorica; y Los compadritos de Héctor Basaldúa. A la izquierda del visitante, frente a los ventanales que dan a la terraza, un mueble embutido en la pared guarda parte de la cristalería de la familia; y al lado, un tapiz alegórico a El escarabajo -que Manucho no vio terminado pero al cual ya había asignado ese lugar- viste gran parte de la pared.
Del fumoir se va al pasillo de las fotografías. Allí penden de las paredes cuadros y fotografías referidos a la obra de Mujica Lainez; hay también recortes de diarios y afiches enmarcados. En el mismo pasillo están el diploma de la incorporación de Manuel Mujica Lainez a la Academia Argentina de Letras, el telegrama de Alberto Ginastera sobre la prohibición de la ópera Bomarzo en el Teatro Colón en 1967 (“Bomarzo prohibido por relaciones con una osa. Alberto”) y otro telegrama en el cual el Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina nombra a Mujica Lainez y a Ginastera embajadores-representantes de la cultura argentina con motivo del estreno de la ópera Bomarzo en New York, ese mismo año. Sobre la puerta que comunica con el fumoir está colgada una máscara de José María Suhurt, un arquitecto amigo de Manucho, que representa al Escarabajo y que fue usada por Mujica Lainez en un baile de disfraces.
El pasillo termina en la sala donde se daban los famosos bailes de carnaval, con las máscaras hechas especialmente para la ocasión por Suhurt. En una vitrina, al lado de la puerta que da al pasillo, hay miniaturas y antigüedades de la familia; del otro lado de la puerta, un gran cuadro muestra el chaleco que Florencio Varela llevaba puesto el día que lo asesinaron en Montevideo, junto con una navaja, un daguerrotipo y un mechón de cabello del escritor que le cortó José Mármol cuando lo mataron. En otra vitrina embutida en la pared, libros y documentos familiares de antaño; y frente a ella, una mesa de madera para naipes y un juego de sillones junto a la chimenea. A un costado, apoyado en una pared, el escritorio de campaña que el General José de San Martín usó en San Lorenzo y que él mismo le regaló a la tatarabuela del escritor, Rosa Jáuregui, y dos sillas inglesas del hermano de Manuel Dorrego. De las paredes cuelgan más de ochenta retratos de antepasados y parientes de Manuel Mujica Lainez y de Ana María de Alvear Ortiz Basualdo de Mujica Lainez: Juan de Garay, Diego y Carlos de Alvear, Miguel Cané, Juan Cruz y Florencio Varela, Felisa Ortiz Basualdo de Alvear, Lucía Lainez Varela de Mujica Farías, Vicente Cané y otros tantos hombres y mujeres. Dos esculturas presiden la sala: son las cabezas de Manucho, hecha por José Fioravanti, y la de Anita, por Suhurt.




Salón de los retratos


Cruzando el Salón de los Retratos, se llega a una sala más pequeña donde se conserva parte de la biblioteca de Mujica Lainez. Es la Salita de té, lugar donde se servía la comida en invierno. En los anaqueles -cubiertos por puertas vidriadas-, los libros comparten espacio con fotografías de amigos: Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Eduardo Mallea, Gabriela Mistral, Alberto Girri, Sara Gallardo, Guillermo Whitelow, Alberto Gerchunoff, Ramón Gómez de la Serna, China Zorrilla… Una vitrina guarda el ejemplar más antiguo de la biblioteca del escritor: un libro editado en el Renacimiento, en Francia; lo rodean ejemplares dedicados a Manuel Mujica Lainez por Alfonsina Storni y Federico García Lorca, entre otros. Frente a la biblioteca, y rodeando la chimenea, un juego de sillones de madera oscura y unas mesitas con adornos y libros completan el mobiliario de la sala, en cuyas paredes se destacan cuadros de Soldi, Basaldúa, Cordiviola, Aldo Sessa y Miguel Ocampo, y un escudo de armas empotrado en la chimenea.
Por una arcada (custodiada por una máscara de Suhurt que representa El Unicornio) se pasa de la Salita de té a la Salita de las plantas. Es sorprendente que sigan allí las plantas de Ana de Alvear, rodeadas por cuadros y objetos de arte. Una mesita, junto a la ventana, muestra la última foto de Manucho en familia; en el papel impreso aparecen él, su esposa y sus hijos (Diego, Ana y Manuel) el día que el escritor recibió la Legión de Honor de manos de S. E. el Embajador de Francia en Argentina. Enfrente, en una mesa ratona con tapa de vidrio hay algunas medallas y condecoraciones otorgadas a Mujica Lainez. Una vitrina guarda las obras completas del escritor, y en las paredes hay caricaturas suyas hechas por importantes personajes. Algunas de las curiosidades allí exhibidas son el horóscopo de Mujica trazado por Xul Solar y una bandeja de madera firmada por amigos del novelista: Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, Norah Borges, Eduardo Mallea, Susana Aguirre, Lino Enea Spilimbergo, Raquel Forner, Cayetano Córdova Iturburu...
Una arcada permite pasar de la Salita de las plantas a la biblioteca del escritor. Las paredes que rodean el cuarto estaban cubiertas por estantes con doble fila de libros; hoy hay espacios vacíos ocupados por cuadros. Sobre las mesas se acumulan lámparas, estatuillas y objetos artísticos que coleccionaba Manucho. Junto a una mesa, en un paragüero, descansan algunos de los bastones que usaba Mujica Lainez.





Escritorio




Originariamente, el lugar que ocupa el estudio de Manucho era el dormitorio de Lucía Lainez Varela de Mujica Farías, pero cuando ella murió (en 1975) su hijo decidió instalar allí su biblioteca y un escritorio, convirtiendo el cuarto en su lugar de trabajo, el lugar donde él solía tomar notas y preparar sus borradores en los viejos libros de caja de comercios de antaño.
Volviendo por la Salita de las plantas y la Salita de té, se llega al palier de entrada, que tiene de un lado la escalera que lleva al primer piso, y del otro la puerta que desemboca en el patio andaluz. En la pared de la puerta, un gran cuadro muestra los árboles genealógicos de Manuel Mujica Lainez y de Ana de Alvear de Mujica Lainez. Hay también íconos rusos y griegos, objetos de arte colonial americano y varias pinturas de artistas argentinos (Juan Carlos Bruckman, Miguel Ángel Guerreiro, Nicolás García Uriburu).
Al final del palier está el cuarto de huéspedes, íntegramente pintado de rosa y decorado con témperas de Susana Aguirre. Dos antiguas camas de hierro, en las que durmieron China Zorrilla, Alicia Jurado, Federico Peltzer, Oscar Hermes Villordo, Oscar Monesterolo, y Miroslav Scheuba, por citar solo un puñado de nombres de algunos de los amigos del escritor que lo visitaron allí, ocupan gran parte de la habitación.
En el patio andaluz o galería española, una escultura embutida en la pared es una alegoría de Suhurt basada en la obra del escritor, y muestra personajes de sus cuentos y novelas; curiosamente, el rostro del hada Melusina (de El unicornio) es el de Anita, y el del demonio de la pereza, de El viaje de los siete demonios, es el de Manucho. En otra pared, unos azulejos blancos reproducen la historia del Valle de Punilla escrita por Mujica Lainez y copiada en ellos por las ceramistas Mabel y María Castellanos. Unos centímetros más arriba de la obra, en la misma pared, está el cerámico que inspiró “El hombrecito del azulejo” y cerca de esos mosaicos, otros reproducen La rendición de Breda. Allí tienen su lugar, también, varias objetos, una imagen de Santa Teresa y el fauno de bronce que estaba en la quinta de los Alvear en San Fernando, Sans Souci, y que acompañó a Mujica durante años.
La puerta del patio andaluz, que es la puerta principal de acceso a la casa, es una verdadera obra de arte: José María Suhurt recreó en bronce a Adán y Eva en el Paraíso, tentados por la serpiente y comiendo la manzana del pecado. En el arco de hierro que antecede a la puerta, una vieja parra sigue dando unas uvas tan deliciosas como las que comía Manuel Mujica Lainez.






Puerta de entrada



Por una escalera angosta, de madera crujiente -frente a la puerta del patio andaluz- se accede al primer piso de la casa. La escalera termina en el escritorio del académico.
En el escritorio hay dos muebles enfrentados; en la biblioteca que está del lado de la escalera, Manucho guardaba en cajas, y ordenada alfabéticamente, su correspondencia (la misma que hoy forma parte del Departamento de Libros Raros y Colecciones Especiales de la Universidad de Princeton, U.S.A.)*; el otro alberga los diccionarios y enciclopedias que utilizaba mientras escribía. Junto a la biblioteca de la correspondencia, bajo una ventana, está el escritorio de Mujica Lainez; y a su lado, en una mesita, la antigua máquina de escribir que él usó en sus años de trabajo en La Nación y que le regaló el director del Diario, Bartolomé Mitre, al jubilarse. Sobre la segunda biblioteca, decenas de cuadros rompen el blanco inmaculado de la pared; son cartas enmarcadas, fotografías familiares y árboles genealógicos ilustrados con imágenes. De la falleba de la ventana que está sobre la Woodstock aún sigue colgando la paleta para matar moscas que usaba Manucho.

Por una puerta ubicada al lado de la escalera, se pasa a la habitación de Manuel Mujica Lainez. Es, de alguna manera, un dormitorio austero: la cama de hierro de dos plazas donde murió el escritor; un viejo ropero de madera en el que guardaba la ropa de uso más frecuente; una cómoda isabelina con tapa de mármol y un espejo; la chaise-longue donde Manucho dormía la siesta, entre la chimenea y la cama; la canasta de Balzac (su gato, que murió en 1999) y el almohadón de Cecil, pueblan el cuarto. Sobre la chimenea hay estatuillas frascos con adornos y varios objetos artísticos; de las paredes cuelgan cuadros de Suhurt, Basaldúa, Spilimbergo, Soldi, Josefina Robirosa, Victorica, Leonor Fini, Asiain, Tiglio, Guerreiro y Santiago Cogorno. En un banco, al lado de la cama están los libros que estaba leyendo Mujica Lainez antes de morir.


Dormitorio de MML





Junto a la habitación está el baño, lleno de amuletos porque Mujica Lainez decía que era el lugar de su casa en el que se sentía más desprotegido, porque estaba desnudo. Sobre la bañadera, en las paredes, hay veintiocho figas (artesanías en maderas, típicas del esoterismo brasileño, a las cuales se atribuyen poderes para evitar las fuerzas negativas)*, cuatro manos abiertas, una réplica en yeso de la mano del escritor y una lámina árabe para prevenir el mal de ojo. A un lado de la bañera, el botiquín con los remedios que tomaba Manucho; del otro, un baúl de madera en el cual Anita pintó uno de los Laberintos de su esposo. Frente a la bañera, el lavatorio de pie y el espejo. Del cielorraso pende un loro de juguete usado por Manucho en uno de los bailes que daba en el Salón de los Retratos.
Pared por medio del escritorio, en el antiguo cuarto de huéspedes, se exhiben objetos de uso cotidiano de Manuel Mujica Lainez: un sombrero inglés, las boinas, los bastones, los lentes, la pluma Montblanc de trazo grueso, los anillos -entre ellos, el de oro con el escarabajo de lapislázuli que inspiró su última novela, El escarabajo-, documentos oficiales y familiares y las condecoraciones más importantes que recibió el escritor tienen su lugar en vitrinas de madera con tapas de vidrio. Al lado de la chimenea, colgado en la pared, un Laberinto que Manucho le escribió a su esposa y que es un verdadero poema de amor; abajo, enmarcada, está la última carta que le escribió Victoria Ocampo, semanas antes de morir. El resto de las paredes están cubiertas de cuadros con fotos de amigos cercanos y lejanos; dibujos de Mujica Lainez, y algunas curiosidades que él atesoraba. Este es el único cuarto de la casa que fue totalmente modificado después de la muerte del novelista.

Terminado el recorrido por la casa, el parque espera al visitante. Allí conviven, armoniosamente, caratos, dalias, cañaverales, enredaderas, un alcornoque, buxus, numerosos frutales, laureles, brucos, locontes, talas, molles, jazmines y no faltan los nenúfares que pueblan una fuente. Fueron las manos de los Cabezas, de los Parada y de Ana de Alvear las que hicieron de esa combinación de plantas y arbustos un bosque y un jardín encantador.
En los jardines de El Paraíso descansan, bajo las plantas, los animales que acompañaron a los dueños de casa: Cecil, Balzac, Sara y Miel. Cecil era el whippet que le regaló a Manucho su amigo Miguel Ángel Cárcano; Balzac y Sara, los gatos de la casa; Miel, la perra que había adoptado Anita. Sin embargo, Balzac y Cecil son los únicos que están señalados: dos azulejos que llevan grabados textos e imágenes de Mujica Lainez, dan testimonio de lo que ese perro y ese gato significaron para él.




[1] María Esther Vázquez: El mundo de Manuel Mujica Lainez. Editorial de Belgrano. Buenos Aires, 1982. Pág. 105
* La División Manuscritos del Departamento de Libros Raros y Colecciones Especiales de la Universidad de Princeton compró la correspondencia profesional del escritor en 1997; cuatro años después, en 2001, adquirió también la familiar

* En Cecil, el escritor dice que son cincuenta las figas que adornan las paredes de su baño.

lunes, 11 de octubre de 2010

Textura pop-surrealizante y arte de ironizar

FOTO: Pini-pon y refrescola (c) by Nicolás Antonioli


Por Nicolás Antonioli

“Aunque la poesía argentina actual no tiende a mirar hacia su tradición literaria, vira su discurso hacia los medios de comunicación masivos, utilizando un discurso social a veces, otras haciendo eco de discursos musicales, puede verse una fácil generalización entre los poetas actuales de aquella nación. Si aún en los mercados literarios poéticos de Argentina suelen consumirse los libros de los “monstruos” literarios (Girondo, Borges, Pizarnik, Orozco, Lamborghini, etc.) la joven poesía actual tiende a difundirse por su valor reflexivo, sus “nuevas” propuestas. Sin embargo, para una poesía que no mira hacia atrás, hacia su tradición, ¿qué queda?”.

Manuel Parra Aguilar, poeta mexicano (1982) nos interroga con ese comentario sobre en qué terminará esta mezcla de propuestas que nos ofrecen los nuevos poetas de Argentina. En franco diálogo entre pares se está haciendo un exhaustivo análisis de lo que se escribe hoy en nuestro país, pero no mediante la visual de algún autor de generaciones pasadas sino por poetas pertenecientes a la misma generación a la cual pertenecemos, es característico que un poeta extranjero teorice sobre lo que escribimos y más aún que tenga nuestra misma edad. Algunos textos críticos se encuentran publicados en la revista La línea del cosmonauta (México).

Las temáticas siempre son abundantes y complejas, pero se advierte un hilo conductor que entabla situaciones de relación que evidencian, por lo menos una tendencia común: ironizar sobre el mundo y sus actantes, tomando elementos de la infancia como punto de partida para revivir en la relectura del poema, el acto creativo, como si cada línea se describiera a sí misma, pero sin recaer en detalles; se intentan poner en estado lúdico aquellos elementos dotados de lenguaje que nadie se animaría a decir. Es para destacar que estos poetas del nuevo siglo traen una carga social por añadidura, ya que en su mayoría nacieron o por lo menos vivieron su niñez en democracia. Existe también un ánimo por movilizar ciertos nervios, por irritar, por despertar al otro con un aire o turbulencia cargada de libertad, pero es mediante acciones concretas, performances, revistas virtuales, blogs, colectivos. Estos escritores de poesía logran comunicar la liberación que han visto sus ojos. El hilo al que me refería anteriormente es sin dudas: la ironía. Las piezas del poema interactúan con el lector, llegan a él espontáneamente y como sin darnos cuenta el poema hurga o corrompe, genera un estado de identificación, al menos parcial pero claro y directo, gracias a ese atributo de irónico en diálogo con el lenguaje publicitario o neo-pop (pictórico), en alguna medida. Es importante distinguir entre “tradición” y “tradicional”, para lo cual a esta altura se puede intuir que nosotros somos una continuación de la primera pero negamos y vapuleamos a la segunda. La poesía que se inicia ahora, esta sumergida, bucea a estás horas en lo inasible, toma como propios todos los elementos de descarte del s. XX, los reutiliza para sus propósitos estilísticos, el poema no está construido por recursos retóricos enlazados sino que son en esencia concreciones retóricas, cada poema por separado actúa como una extensa metáfora que logra bienherir. Esos conceptos y las palabras no han cambiado, lo que cambió es el uso que se le da a esa unidad mínima de conmoción: el verso.

Abundan nombres en este nuevo escenario poético; darlos a conocer todos, ofende.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Homenaje a Manuel Mujica Lainez I

Ofrecemos a nuestros lectores dos cartas inéditas del Dr. Federico Peltzer al Director de Nombre. En la primera, F.P. relata su amistad con el autor de Bomarzo; en la segunda, se explaya sobre el Congreso de la SADE en Paraná (1965), al que asistieron, entre otros, Mujica Lainez, Silvina Bullrich, Juan José Saer y quien escribió la carta.


jueves, 1 de octubre de 2009

LA JUNTADA: NUEVA POESÍA ARGENTINA

LA JUNTADA
NUEVA POESÍA ARGENTINA
PROGRAMACIÓN


LUNES 5
18 A 18.45

Elisa GAGLIANO (Córdoba)
Cristian REZK (Trelew - Chubut)
Julián Matías RODRÍGUEZ (Tandil – Bs. As.)
Clara CANZANI (CABA)
Victoria SCHCOLNIK (CABA)
COORDINA: Gerardo De Brasi

19 A 19.45
Flavio MÁNTICA (Rosario- Santa Fe)
Jéssica RUIDÍAZ (Margarita Belén – Chaco)
Dante SEPÚLVEDA (Villalonga - Bs. As.)
Agustín NOCEDA (CABA)
COORDINA: Salvador Marinaro

20 A 20.45
Alejandro LUNA (Salta)
Soledad CASTRESANA (Int. Alvear – La Pampa)
Luciano FERNÁNDEZ (Vte. López Bs. As.)
Daniela GOLDÍN (CABA)
COORDINA: Laura Yasmín KISIELEWSKY

Martes 6
18 a 18.45
Pablo ESPINOZA (S. S. de Jujuy – Jujuy)
Paolo MUÑÓZ (San Juan)
Magali GARCEA (Ciudad Evita – Bs. As.)
Gabriela LÓPEZ GIMÉNEZ (CABA)
COORDINA: Axel DÍAZ MAIMONE (Necochea – Bs. As.)

19 A 19.45
Juan Manuel DÍAZ PAS (Salta)
Jorge VILA (Viedma – Río Negro)
Facundo JIMÉNEZ (Mar del Plata – Bs. As.)
Laura Yasmín KISIELEWSKY (CABA)
COORDINA: Luciano FERNÁNDEZ

20 A 20.45

Alejandra MÉNDEZ (San Cristóbal – Santa Fe)
Eric SCHIERLOH (La Plata Bs. As.)
Nicolás ANTONIOLI (Florida - Bs. As.)
Guadalupe WERNICKE (CABA)
COORDINA: Jessica RUIDÍAZ



MIÉRCOLES 7


18 A 18.45

Juana María LUJÁN (Córdoba)
Dana SALAS (Posadas – Misiones)
José CASTILLO (Quilmes – Bs. As.)
Gerardo DE BRASI (CABA)
Lucas MORENO (Luján – Bs. As.)
COORDINA: Julián Matías RODRÍGUEZ


19 A 19.45
Ezequiel VILLARROEL (Dto. M. Belgrano – Jujuy)
Martín PUCHETA (Gualeguaychú – Entre Ríos)
Noelia RIVERO (CABA ).
Florencia ABADI (CABA)
COORDINA: Axel DIAZ MAIMONE

20 A 20.45
Irina GARBATZKY (Rosario – Santa Fe)
Salvador MARINARO (Salta)
Griselda GARCÍA (CABA)
Mariano SCHUSTER (CABA)
COORDINA: Nicolás ANTONIOLI


CHARLA PARA INCORPORAR DÍA Y HORA
Lucas AMUCHÁSTEGUI (CABA)

Más información:
http://apoalajuntadapoesia.blogspot.com

miércoles, 8 de julio de 2009

Revista Literaria Nombre (Año II - N° 4)

Nombre
Revista Literaria









Queridos amigos:
En febrero del año pasado, el poeta Nicolás Antonioli y yo caminábamos por la playa, en Monte Hermoso. Hablábamos de literatura, como casi siempre. Y en un momento surgió la idea de hacer una revista literaria.
Durante casi un mes esa idea dio vueltas en nuestras cabezas, hasta que logramos concretarla. Llamamos a nuestros amigos escritores y cada uno aportó un texto, en su mayoría inédito. Entonces, “with a little help from my friends”, como cantaban The Beatles, salió el primer número de Nombre, hace un año.
A ese número inicial le siguieron dos ediciones de especiales: la primera fue dedicada a Alfonsina Storni, pues en octubre de 2008 se cumplieron setenta años de su muerte; y la segunda, a Victoria Ocampo, conmemorando el trigésimo aniversario de su fallecimiento.
Normalmente, cuando sale una revista literaria, se dice que pasando los tres números tiene vida asegurada. Nombre los pasó, y sopla ahora su primera vela de cumpleaños. También se dice que en los cumpleaños hay que pedir tres deseos (lo mismo que al pisar por primera vez un templo); nosotros pedimos que la revista siga publicándose, pero con instinto de superación, tratando de ser siempre mejor que antes.
Para festejar el primer aniversario de la Revista Nombre, decidimos organizar una serie de actividades a lo largo del año. Así, lanzamos un concurso literario de cuento y poesía, y proyectamos una mesa redonda a realizarse en septiembre, como cierre de los festejos. Esa mesa redonda está programada para el sábado 12 de septiembre, se hará en Necochea (Provincia de Buenos Aires) y versará sobre El rol del escritor en la Argentina (identidad nacional - efecto e imagen del escritor en el tiempo - presencia y situación del escritor en el ámbito nacional - literatura y periodismo - el oficio del escritor - nuevos escritores y mercado editorial: acceso, problemas y ventajas, primeras publicaciones).
A su vez, pensamos entregar los premios del concurso durante esa jornada y acompañar la mesa redonda de una actividad lúdica denominada “Juicio al lector”. Paralelamente, habrá una exposición de homenaje a Adolfo Bioy Casares.
A título personal y como director de esta revista, quiero agradecerles que nos hayan acompañado a lo largo de este primer año de Nombre. Y si bien el agradecimiento es general, tanto para los escritores como para los lectores, no puedo dejar de mencionar a un grupo de personas que han estado ligadas a esta publicación desde el inicio: María Rosa Lojo, María Laura Guevara, Jorge Torres Zavaleta, Diego Zigiotto, Martín Kasañetz, Omar Ramos y Rafael Oteriño. A todos, muchísimas gracias.

Axel Eduardo Díaz Maimone

Premio Aniversario para Cuento y Poesía

Revista Nombre convoca a escritores argentinos, mayores de dieciocho (18) años, a participar del Premio Aniversario dedicado a cuento y poesía. Se recibirán obras desde el 15 de junio al 30 de julio de 2009, inclusive.
Los trabajos deberán estar escritos a máquina o por computadora en fuente Times New Roman, tamaño 12, a doble espacio en todos los casos y en hoja tamaño carta o A4, de un solo lado de la hoja.
Características de las obras a concursar: Por inscripción podrá presentarse sólo un (1) trabajo. Los cuentos tendrán una extensión máxima de 3 (tres) páginas; y los poemas no deberán exceder los treinta (30) versos. El tema es libre y a elección y conveniencia de los concursantes para ambos géneros. Los trabajos presentados deberán ser de inéditos sin excepción y no haber sido galardonados en ningún otro certamen.
Presentación: La obra se presentará por triplicado, perfectamente abrochada y firmada con seudónimo (en forma LEGIBLE para facilitar su identificación) dentro de un sobre tamaño oficio. En su interior se colocará un sobre común, cerrado, que a modo de plica contendrá un papel con los datos personales del autor, a saber: Nombre y apellido, seudónimo, título de la obra, tipo y número de documento, domicilio, localidad, código postal, provincia, teléfono y correo electrónico si lo posee; y en la parte externa deberá escribirse el seudónimo empleado y el título de la obra.
Envío: Se enviarán a “Premio Aniversario Revista Nombre”, Sr. Axel Eduardo Díaz Maimone, Calle 71 Nº 2777, CP (7630) Necochea, Provincia de Buenos Aires, República Argentina. Se tendrá en cuenta el matasellos del correo.
Premios: Se otorgarán un Primer Premio (consistente en plaqueta y diploma exclusivos), y dos Menciones para cada categoría. La entrega de premios se realizará en acto público en un lugar a designar.
Jurado: El Jurado estará integrado por escritores designados por la Dirección de la Revista. Su fallo será INAPELABLE pudiendo designar premios desiertos y también compartidos según crea necesario. El jurado contará con veinte días corridos, a partir de la fecha de cierre; los ganadores serán informados personalmente por los organizadores del concurso, por vía telefónica o por correo electrónico. Los trabajos que no resulten premiados serán destruidos. En ningún caso serán devueltas las obras, siendo incineradas luego de finalizado el concurso. Todos los poetas conservan para si los derechos de autor de las obras presentadas.
Arancel: La inscripción tendrá un arancel único de $10 (diez pesos) por autor, para gastos, que deberá enviarse dentro del sobre con los trabajos.
Organización: La organización NO se hará cargo del traslado y hospedaje de los premiados.
Participación: Por el solo hecho de participar los concursantes toman conocimiento y aceptan las bases y el reglamento del certamen, y el incumplimiento de dichos requisitos invalida su participación.
Para mayor información, contactarse a revistanombre@hotmail.com










Anticipo: Un capítulo de la novela Lejos del campo salvaje, Jorge Torres Zavaleta

El cautivo francés

Lo que más deprimió al monsieur fue la carne de yegua, a veces demasiado cruda, otras demasiado cocida, sin ninguna salsa que le diera el tono adecuado al paladar de un verdadero gourmet. Y no era sólo eso. Era todo. ¿Cómo podía gustarle vivir así? Odiaba sin vueltas esa jaula enorme de las Salinas Grandes. Espacio, distancia, cielo, arena, pastos, nada. ¿Y la vida ahí? No era una vida. Sólo un suceder que ignoraba todo lo bueno. Estar ahí era ser un fantasma, condenado a quedarse en un lugar asqueroso.
Pero era mejor que esas primeras semanas terribles a partir de que lo capturaron los indios de la Patagonia. Lo habían encontrado de noche en un campamento alrededor de un fuego con tres gauchos y otros dos franceses. Le habían perdonado la vida porque leía en voz alta, los demás intrusos estaban distraídos y les fue muy fácil matarlos. Lo ataron, aturdido por los golpes, mirando a las ancas de un caballo salvaje. Horas y horas, días enteros al galope mientras lo sobresaltaban con gritos y chuzazos. A los tumbos por el desierto él era un solo dolor hecho de muchos, perdido en el infinito de la nada, sacudido por el caballo y el insoportable anhelo de su otra vida. Extrañaba París, extrañaba sus mujeres, cafés y boulevards, los trajes caros que le hacían pensar bien de sí mismo, los modales encantadores de las mujeres ricas e influyentes dispuestas a pilotear el talento de un varón. Había sido un pájaro que estuvo muy cómodo en su jaula, sabiendo de memoria a qué percha aletear. Sus artículos, sus estudios, la vida agradable, mujeres siempre dispuestas a decirle que su trabajo era importante, conversaciones al respecto, algún artículo, meduloso pero animado, —menos de los que hubiera querido— y los comentarios. Hasta que lo tentaron con el ofrecimiento. De ese país lejano que era como un texto exótico. Había mucho que hacer allí, un hombre como él sería apreciado. Y podría escribir un libro. Y ahora llanuras salvajes sin término, cielos despiadados. Y el miedo. Hombres brutales, furiosos, de rasgos toscos, acostumbrados a todo lo que él ya no quería conocer. Viento seco, cielo blanco, ojos cada vez más doloridos. Ah, qué terrible ese mundo salvaje. Era un país imposible. No había caso de establecerse ni dirigir un instituto, y evidentment si alguna vez fuera libre no pensaba organizar ninguna biblioteca de alguna provincia malhadada. Y maldecía a esos compatriotas estúpidos que lo habían convencido de ver con ellos el extremo sur.
Ya estaba medio muerto cuando los indios patagones lo canjearon a Calfucurá por quince yeguas madres. Sabían que el gran Piedra Azul necesitaba un amanuense, puesto que se le había fugado el secretario anterior.
Así empezó la larga estadía del monsieur con el señor de todas las tribus de los indios de Buenos Aires. Calfucurá, al verlo con talentos, le dijo que si era leal con él no tendría de qué quejarse. Él se dio cuenta de que el gran cacique casi siempre prefería actuar con bondad, por lo menos hasta que terminaba la hora de las advertencias, y decidió no causar ningún problema. Era cuestión de obedecer, si Calfucurá mandaba. La voz del jefe era ronca, como con ecos de piedras limadas por el viento. Sus ojos eran oscuros, sin velos de la edad. No tenía esa expresión reticente y apagada de otros indios. Y era verdad que tenía más de cien años, todos lo decían. Un hombre fuerte de pecho amplio, hombros apenas redondeados no por los años sino por la carga de sus decisiones. Los cien años sólo se le notaban en la fuerza latente de sus recursos.
Sin duda, escribió el monsieur más tarde, Calfucurá era de una gran superioridad sobre los demás salvajes, en lo que se refería al trato y la consideración que merecía un extranjero de cultura. A los pocos días, cuando lo vio más animado, Calfucurá le dijo que mañana empezaban a escribir cartas. Que se las arreglarían porque él sabía hablar bien el castellano y el monsieur le aseguró una vez más que él ya había publicado algunos artículos en los principales diarios argentinos.
Todas las mañanas Calfucurá salía del toldo, le mandaba que lo siguiera y escoltado por varios ayudantes que llevaban banquitos de cuero de vacas chorreadas, el pelaje preferido del cacique, iba caminando con decisión hasta la sombra de un viejo tala. Desde allí, mirando a veces hacia arriba donde temblaban las hojas verde claro, le dictaba con voz meditativa. Sostenía una nutrida correspondencia con las autoridades de Buenos Aires y con personajes de toda especie, blancos e indios, que resultaba vital para los intereses de su gente. Desde las primeras misivas el amanuense se las ingenió para escribir con bastante fluidez el español, por algo lo había aprendido en el Institut –aunque se cuidó de mencionar que los artículos publicados en los diarios de Buenos Aires habían sido traducidos-, y leyó en voz alta varias veces el texto que le había dictado Calfucurá para que viera que no había ninguna invención. Hay errores, dijo Calfucurá, con tono plano y el monsieur se excusó: el había estudiado español en Francia durante unos pocos años, pero también había vivido en la Argentina varios meses, incluso dio clases de francés a unos chicos de Buenos Aires y seguro que podía mejorar su desempeño. Calfucurá fue muy amable, comprendió perfectamente. Pero hizo chequear las cartas varias veces; el monsieur corrigió lo más evidente. Ya conforme, Calfucurá las envió, pero al poco tiempo le puso mala cara. No todo el mundo, hélas, estaba dispuesto a admitir los giros gálicos, en realidad propios de la lengua más civilizada. Eran inconvenientes pasajeros, le dijo al gran cacique, los podría solucionar, si no lo degollaban, pensó. El castellano, como lo llamaban los argentinos, no era tan difícil para él, insistió. Y se esforzó. Y mejoró, mejoró mucho, porque le resultaba clarísimo que ese hombre de más cien años estaba muy impaciente. Se largó al castellano como un pez que tiene la obligación de salvarse, con la misma capacidad de improvisar de su época de joven periodista. Si se le escapaba de tanto en tanto un error gramatical no era el fin del mundo, ¿non? Pero de eso, nunca se sintió muy seguro.
Durante las primeras semanas, hasta que entraron de lleno en la correspondencia más reservada, Calfucurá nunca dejó de hacer leer a otros alguna que otra carta, a veces delante del monsieur, otras en su toldo. Hubo algún viajero ambicioso que puso en duda el contenido mismo. Pero el monsieur leyó las misivas ante varios caciques y de a poco fue conquistando casi plenamente la confianza de Calfucurá.
Y ahora, al fin, Calfucurá estaba, decía, realmente encantado, por suerte. Era necesario, le dijo, redactar unas cartas que no quería ventilar ante los otros ayudantes indios, se trataba de un tema delicado y por eso confiaba en la discreción de su secretario francés. Le había tomado simpatía, mucha simpatía, le aseguró. Esa correspondencia duraría un tiempo, así que el monsieur debía afilar aún mas su pluma.
A esa altura, ya admiraba, en cierta forma, a Calfucurá. Pensaba que ese viejo hubiera sido una gran fuerza si hubiera nacido en otro lugar. Más allá de Europa, en Rusia, por ejemplo. Hubiera sido, se le ocurrió, un digno enemigo de Francia. Y si lo hubieran apresado o tuviera que ir a Paris a parlamentar, haría furor en los salones. Pero esos eran los sueños de un hombre que no podía salir de ahí, entendió al fin.
Una tarde, sin avisarle, Calfucurá despachó bruscamente a los otros ayudantes. Siempre había varios indios cerca, porque el cacique tenía el hábito de estampar sus cartas con un sello que grababa una inscripción redonda de diez centímetros. Representaba un arco y flecha y unas boleadoras, elegantemente realizadas. Eso se llevaba a cabo en todos los documentos que despachaba desde las Salinas Grandes. Para un indio de sus tribus acompañar al cacique siendo el portador de uno de esos sellos era un gran honor, sabía el messieur, una función que daba mucha jerarquía, casi digna de Versailles.
Un indio se especializaba en juntar la papelería, otro sellaba esa inscripción arriba de cada página con un golpazo solemne, esparcía arena –allí sobraba- , la secaba, soplaba, y un tercero le tendía la mano al monsieur, juntaba el fajo de manuscritos y lo llevaba corriendo a los toldos donde aguardaban los correos, listo para salir al galope. Calfucurá le comentó que esos sellos había sido su idea, hacía como cuarenta años de eso.
-Ustedes dos, -ordenó el cacique esa mañana- lleven estos papeles y váyanse.
Había llegado el momento de iniciar la correspondencia secreta, entendió el monsieur. Y se hizo un largo silencio mientras los indios despachados se retiraban sin ganas.
Calfucura miró al monsieur y justo lo pescó medio distraído pensando, malgré moi, nos dice en sus memorias, que sería gracioso que encabezando los documentos constara también una inscripción en latín. Un lema, si, como en los escudos nobiliarios, que indicara el poder y prestigio de Calfucurá y todas sus tribus. Hubiera sido perfecto, un beau petit detaille. Cuando el cacique le habló estuvo a punto de sugerírselo pero lo pensó, y no. Mejor no.
Calfucura dejó que los portadores de los sellos y documentos se alejaran del todo.
-Hijo mío, no mires más las nubes, vuelve a ti. Un hombre práctico debe saber concentrarse. Pon tu interés en esto. Ahora nos dedicaremos a asuntos que, lo verás, serán de la mayor importancia para todos nosotros.

Jorge Torres Zavaleta* 1





El “Estado musical” de guaraníes y jesuitas

La gran región inexplorada habitada por los tupí-guaraníes fue para los hijos de Ignacio de Loyola una verdadera Tierra de Promisión, un lugar donde poder aplicar las ideas propias del humanismo cristiano, de un gobierno teocéntrico y una sociedad igualitaria en la que los hombres vivieran explotando los frutos de la tierra y alabando a su Creador. Los jesuitas fueron logrando la realización de esta Utopía en la cuenca del Plata a través de distintos elementos integradores. Uno de ellos fue la música.
Desde su llegada a América los primeros misioneros franciscanos, dominicos y jesuitas, comprendieron la importancia que tenía la música en la conversión de los indios. En general el aborigen americano no hacía demasiado caso a los razonamientos teóricos de los occidentales, pero tenían el sentido de lo sagrado y los impresionaba la belleza del culto realzado por la música de coros e instrumentos. Algo similar ocurría con los negros africanos, importante componente de la sociedad hispanocriolla.
Tanto en las ciudades como en los pueblos de misiones, las fiestas litúrgicas, con el boato de las procesiones, música, cantos, bailes y representaciones teatrales a las que eran tan propensos los españoles del período barroco, cautivó a los indios y a los negros. Esto llegaría a su culminación en las misiones jesuíticas.
La historia de los misiones sería incomprensible si no tuviéramos en cuenta la dimensión sagrada y la alegría que el indio alcanzó a través de la música y la emoción y el consuelo que esto proporcionó a los misioneros. Su experiencia los había llevado a comprender que la influencia de la música era fundamental para atraer a los indígenas. Tanto los guaraníes como los chiquitanos tenían predisposición hacia todo lo artístico y una gran facilidad para aprender a cantar, bailar y tocar instrumentos occidentales. A principios del 1600, en los comienzos de las reducciones, los padres empezaron a enseñar canto a los niños para después continuar con los adultos. “Ellos son la esperanza de todo este rebaño”, decía Mastrilli Durán, Superior de las misiones “...los padres les enseñan a leer, escribir, cantar, tocar instrumentos, danzar y otros entretenimientos semejantes, para prendarlos más y cebar a sus padres que se vuelven locos de contento de ver tal mudanza en sus hijos.” Los paranáes, tenían hermosas voces “porque son criados con muy lindas aguas... de noche suelen cantar mil tonadas devotas que no parece sino un paraíso el lugar”. Concluía el misionero. Otro testimonio del siglo XVII, recogido en las cartas anuas dirigidas al Superior General en Roma afirmaba que los guaraníes “Son notablemente aficionados a la música que los padres enseñan a los hijos de los caciques...ofician misas con dos y tres coros y se esmeran en tocar instrumentos: bajones, cornetas, fagotes, arpas, cítaras, vihuelas, rabeles, chirimías, y otros, que ayudan mucho a atraer a los gentiles y al deseo de llevarnos a sus tierras para el cultivo y enseñanza de sus hijos.”
Los jesuitas eran una orden nueva, moderna y pletórica de entusiasmo. Los padres que venían aquí procedían de distintos países de Europa y había entre ellos muchos músicos. Apreciaban tanto como los indios la belleza formal del culto y las distintas manifestaciones musicales. El padre Martín Schmid, por ejemplo, misionero entre los chiquitanos, escribía a un amigo: “...llevo una vida alegre y hasta amena, pues canto a veces a la tirolesa, toco los instrumentos que me gustan y bailo también en rueda, por ejemplo, la danza de espadas. Pero ¿Qué dicen tus superiores de esta vida?, preguntarás. Yo te respondo: Si soy misionero es porque canto, bailo y toco música...Todas estas artes musicales que antes desconocía en parte, ahora las practico y las enseño a los hijos de los indígenas.” La rica litúrgica católica era un canto de alabanza al Señor a través de la exaltación de los sentidos de la vista y el oído. Esto llegaba a su culminación durante las fiestas religiosas. Las mas importantes eran: Navidad, Corpus Christi, el día de San Ignacio y el del santo patrón del pueblo. En esas ocasiones en las misiones se “tiraba la casa por la ventana”. Eran pueblos austeros en sus costumbres pero con Dios y sus santos no había que andar con retaceos. A fines del XVII, cuando los pueblos estaban asentados y sin enemigos bandeirantes, estas fiestas tomaron una dimensión extraordinaria. La mejor música barroca, sobre todo la que especialmente Domenico Zípoli creara para las misiones, era ejecutada por los músicos y cantada por coros de extraordinaria afinación. Se efectuaban representaciones y auto sacramentales con vestidos que hubieran causado admiración en cualquier rincón de Europa. Toda obra teatral incluía música y bailes. Era tal el lujo de los disfraces y ropa de ceremonia que en 1680 el padre Altamirano, Superior de las misiones, protestaba a los procuradores de los pueblos por los gastos excesivos en libreas de seda y guarniciones o abotonaduras de oro y plata. Sin embargo la costumbre siguió: la sencillez era para la vida cotidiana pero para las fiestas y el culto, no había lujo que resultara excesivo.
Se ha llamado a las misiones “el Estado musical”, pues tanto la vida espiritual como la material se desarrollaban al ritmo de los mas variados instrumentos: no solo servía la música para atraer a los indios a la religión sino también para que rindieran en su trabajo. Todos los días, después de la misa cantada, grandes y chicos iban a sus tareas al son de flautas y tamboriles. Los que trabajaban la tierra llevaban en andas “una pequeña estatua de San Isidro labrador con una caja de resguardo por si llovía, y así, en una especie de procesión, con sus azadas al hombro, iban y volvían de sus cultivos con su santo y sus músicos que no cesaban de tocar durante el trabajo.
A pesar del aislamiento en que estaban los pueblos de misión, pronto corrió la voz de la maravillosa música que allí se hacía y las autoridades y vecinos de las ciudades de Asunción, Corrientes, Santa Fe y hasta Buenos Aires, pedían que los coros bajaran para Navidad y Pascua. Pronto comenzó a haber un intercambio entre músicos cordobeses y misioneros: algunos muchachos muy dotados iban a Córdoba a estudiar con Zipoli, mientras que niños negros de las estancias jesuíticas de Santa Catalina y Alta Gracia, pasaban temporadas en las misiones aprendiendo a cantar.
El pueblo musical por excelencia fue Yapeyú, donde el padre Sepp llegó, a principios del 1700 a construir un órgano con tubos de madera de cedro cortada en delgadas hojas y pegadas sobre pergamino, a falta de estaño.
En las misiones de Chiquitos, en Bolivia, existía el mismo entusiasmo por la música. En sus archivos se hizo el mayor descubrimiento de piezas musicales del siglo XVIII. Sumaban mas de cinco mil, la mayoría eran de Bartolomé Massa y de Doménico Zípoli. Este discípulo de Scarlatti, nacido en Prato, Toscana en 1688 y muerto en la estancia de Santa Catalina, entró a la compañía de Jesús y en 1717 se embarcó para el Río de la Plata y se instaló en Córdoba como organista y compositor. Mérito suyo es haber adecuado el barroco europeo al gusto y la idiosincrasia americana. El no estuvo nunca en las misiones pero su música era allí la mas difundida.
En resumen: la actividad en los pueblos de las misiones jesuíticas tuvo características muy peculiares: trabajo liviano aligerado por la música, cotidianeidad embellecida por las fiestas, seguridad reafirmada por los ritos repetidos una y otra vez, erradicación de la miseria y el hambre, relativa igualdad social son logros casi utópicos que llegaron a realizarse en las misiones jesuíticas de guaraníes y chiquitos.

Lucía Gálvez* 2

Elena Caricati Pennella y Liturgia del abismo

“Atroz belleza” es el oxímoron que aparece en un poema de Elena Caricati Pennella y tal vez sea la expresión más apropiada para definir su poesía. Los distintos grados de la antítesis rigen estos poemas que se agrupan según el orden de los contrarios – espacio de sombra y espacio de luz–, pero en los que siempre se da la presencia del otro aportando su profundidad, su fondo al cuadro. Y no es caprichosa la relación con la plástica, ya que estos textos, que tejen mundos como el del sueño y la alucinación, son propicios para ser representados por el color y la forma. Algunos han tenido por punto de partida la contemplación de un cuadro, como Incertidumbre, Genocidio y Hermafrodita.
El yo poético, igual que el héroe mítico, desciende a los infiernos para emerger con la gloria de un conocimiento, más allá de los despojos padecidos. En uno de los poemas “luminosos”, Infancia, se habla de aprender a callar para que en otro espacio y en otro tiempo surja el poema. Aprender a callar para después aprender a escribir. Sin embargo, en esta escritura no aparecen frases torturadas, sino que las selectas palabras fluyen fácilmente por el cauce sonoro de una medida que tiende a lo regular. En el centro del libro, está la poética y el laboratorio. Se abre con Alquimia, que podemos leer como la descripción del trabajo poético. El yo lírico, en una noche precisa, según lo marca el cielo, en la oscuridad, en el silencio, somete a fervientes transformaciones esa materia prima (la lengua y todo el caudal literario y todos los conocimientos a los que ha tenido acceso) hasta lograr la obra que sale a la luz, “la rosa de pétalos exactos”. El negro, el verde, el rojo son señales de los puntos del proceso. La corneja negra, la rosa o las tablas de Hermes (la Tabla de Esmeralda de Hermes Trismegisto) son tomados por la poeta como metáforas de su hacer. Las palabras son claves, símbolos para nuevas simbolizaciones y la verbalización del espacio vacío se hace poesía. Pero si bien hay un saber en cuanto al oficio de poeta, es un saber hecho de preguntas e incertidumbres, que el yo –en cuanto humano– despliega con honestidad. Y esta duda y la búsqueda de sentido son lo que más otorga dimensión metafísica a los textos de Elena Caricati Pennella.
Como en la alquimia, en este libro hay pasos. Tal vez el poema Persona sirva de guía para emprender el retorno desde la desnudez a la recuperación de la identidad, a la totalidad después de la fragmentación. Esta poesía, que “no es hojarasca de palabras”, cumple con creces este itinerario que lleva a cabo trasmutaciones e inicia otras bajo la mirada activa del lector.

Isabel Llorca Bosco* 3

El habla de los sapiens hispánicos
(El uso de la lengua en los autores de hoy)

En la actualidad hablar de literatura puede significar adentrarse en conceptos técnicos, en querer encasillar una obra en algún subgénero, compararla con la creación de otro escritor, en fin, esas son las salidas fáciles para llegar a un puerto inseguro, como decía el poeta Osvaldo Lamborghini “no existen géneros sino personas que escriben, no existen personas sino disímiles literaturas”. Los rasgos de una literatura se diferencian de los moldes preestablecidos, para tomar la forma humana que escapa a propósitos iniciales, es allí donde se logra una aproximación a la “verdad literaria”. La obra adquiere características de criatura, su piel presenta una superficie con aptitudes de espejo en la cual el que se atreve (lector) a la experiencia literaria no ve lo mismo en diferentes unidades de tiempo y esto a su vez varía según el individuo que realice tal análisis. Entonces no se puede hablar estrictamente de una verdad sino de una irrealidad, o para ser más ilustrativos la convivencia de una amplia gama de “verdades”.
A esto se le agrega el ámbito social y geográfico. No será lo mismo la literatura de un hombre pobre que de un pobre hombre, ni de ese hombre en Bangkok o en Yakarta, en Buenos Aires o en el Conurbano Bonaerense. Por lo tanto podemos añadir a esta comprensión del fenómeno literario que existen tantas literaturas como escritores y lectores en su conjunto. Supongamos que la totalidad de los habitantes del planeta se dedicasen a la lectura de un mismo libro, entonces habría 6000 millones de interpretaciones distintas, ahora bien, si se les diera a esas personas la obra completa de un autor, entonces existirían en igual número tantas literaturas como sujetos.
Para Gelman “nada podrá cortar el hilo humano de la poesía”, según Roberto Arlt “hay que escribir como se habla”. Estos ejemplos, por citar algunos, profundizan en el carácter humanizado de la literatura, en los valores que trascienden el tiempo y el espacio para situarse en los anaqueles del consejo que es pasible de apropiación o de rechazo. La literatura en su más indivisible partícula, es un artificio y por ende señala que es una utopía la propuesta de Arlt, por lo menos en poesía aunque no en cuento. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha dado un fenómeno un tanto acelerado, no por eso negativo, la proposición de García Márquez de jubilar la ortografía, “nadie confundirá revolver con revólver”, aunque es un error tal proclama porque en los fines prácticos eso ya es una realidad; la actualización constante del diccionario de la Real Academia Española, en el que por ejemplo es lo mismo decir arveja que alverja. Unificando los dos conceptos, se está materializando el hecho de que no podemos controlar la fisonomía del lenguaje, no se pudo con el latín, surgiendo idiomas como el francés, el español, el portugués, el italiano y el rumano, más sus múltiples dialectos; esta fragmentarización de la lengua se dio en una zona relativamente pequeña, por lo que sería en vano pensar que en América no pasará lo mismo. De hecho el presente esta impregnado de neologismos, pero en suma dan cuenta de la transformación de la cual se está nutriendo el lenguaje; esto fue posible en la antigüedad debido al aislamiento que padecían los pueblos, consecuencias de guerras y divisiones monárquicas, hoy en cambio el fenómeno se da a raíz de la coexistencia de refugios lingüísticos dentro del campo de la comunicación extrema, a partir de la formación de megalópolis que aglomeran heterogéneamente a las sociedades en un cosmopolitismo exacerbado y en relación a las distancias entre puntos en una misma ciudad, incluso entre cada aglomeramiento urbano, en cada nación y entre cada nación de esta Latinoamérica que cada vez más se autoabastece de giros que son propios a cada región, posibilitando el enriquecimiento del idioma, modificaciones que la literatura no elude sino que alienta.
Para algunos semiólogos existen tantos sublenguajes como entes, las denominaciones de objetos, expresiones de desagrado o de felicidad, varían considerablemente entre habitantes de un mismo sitio, es el caso del lunfardo. Pero en un plano más detallado se puede percibir que también hay cambios de ese lenguaje según el hablante, según el estrato social, además de variaciones en la pronunciación de determinadas palabras.
El proceso de asimilación de estos surgimientos en el habla hacia la literatura se da, en general, de forma lenta y progresiva. La convivencia de estilos: el estilo propio se autodefine como la decantación a la creación literaria del vocabulario que el escritor utiliza frecuentemente en la vida diaria y que sobrevive a los filos de la corrección. No se puede pensar en el acto literario sin tener en cuenta estas herramientas de las que se vale la autonomía de la contemporaneidad, para ser más específicos tendremos que analizar las apariencias que de esta evidencia se desprenden amplificando ambos sentidos: el sentido que el lector adjunta al juego interpretativo de la obra como una mixtura de innovaciones y las reglas que impone el autor desde su inocencia de creador incólume. Estas reglas obviamente son sorteadas por los lectores más carismáticos, el lenguaje une ambas fuerzas y es allí donde se crea la verdadera literatura, no en meras vacilaciones sino en la amplitud de criterios, en la autodeterminación atrayendo los sistemas para una complementación de los surgimientos, a posteriori, de nuevas perspectivas que acrecentarán en la conciencia de la gente que decide arriesgarse a una aventura intelectual. Es cierto que luego de tales pronósticos haya quien piense en un caos idiomático, pero de nada sirve negarse, nuestra lengua, como otras, esta viva, se mueve, muta, permuta, se regenera, envejece y procrea otras jergas, significado de que la sociedad avanza. Este hecho es, sin duda, imposible de frenar y es necesario que así transcurra. Huellas de nuestro paso por el lugar de la lengua.


Nicolás Antonioli* 4




Cortázar: A veinte años de su muerte, un ensayo y un cuento evocan al autor de Rayuela

Julio Cortázar: La razón poética

El artista es el anunciador de una época nueva.

El pensamiento del artista, al que doy el nombre de razón poética, legitimada en el último siglo por pensadores como Heidegger, Ricoeur y María Zambrano, es el eje de la obra de Julio Cortázar. Crea dentro de esta concepción, y teoriza sobre ella. El artista es para él el hombre nuevo que los tiempos actuales deberán alumbrar, entre los estertores del mundo viejo, los gestos anquilosantes de la rutina, y la violencia de una humanidad amnésica y suicida.
Recordemos que el poetizar, no es solo la construcción de un género literario, sino ante todo, un modo de vida y de conocimiento. En todos los momentos creativos de la historia ha resurgido la continuidad de las artes en un ámbito común que los griegos llamaron mousiké , lugar de las musas. Cada una de esas damas simbólicas, númenes celestiales, presidió una modalidad expresiva, que comporta una técnica específica, pero todas ellas fundadas en una común manera de pensar y sentir la realidad, tanto física como metafísica, desde el nous. o conocimiento profundo y esencial.
A lo largo del tiempo la razón poética se manifiesta en la tradición del orfismo, que conecta la poética clásica, la lírica del Medioevo y el Renacimiento, con las poéticas modernas del Romanticismo, el creacionismo y el surrealismo. El artista nato -a cada paso lo vemos ya se trate de Leonardo o Van Gogh, también de William Blake , Cortázar o Ramponi- tiene predisposición para distintos modos del arte aunque cultive en particular una de sus vías. A grandes rasgos puede hablarse de dos tendencias, musical y el visual.
El artista musical hace del oído el órgano espiritual por excelencia. Intuye al universo como sonido y despliega su expresión desde el canto y las formas primitivas de la sonoridad hasta las vías más refinadas y complejas del arte musical. El artista visual, considerado como un tipo humano eidético, da primacía a las artes del espacio, haciendo del color, la luz y el volumen, así como el movimiento de la danza o las técnicas de la modernidad, las herramientas de su expresión.
En la poesía suelen combinarse estas dos modalidades, anteriores a la reflexión. El poeta tiene como materia al lenguaje, pero apela permanentemente a un estrato previo a él, que es el campo de la imagen, ya sea visual, auditiva o de otros órdenes sensibles e imaginarios. El lenguaje poético tiende visiblemente al orden musical, o es propicio a la plasmación de imágenes pictóricas, sinestésicas, de movimiento, que son las que permiten la traducción a otras lenguas, o las transposiciones de arte a las que han sido tan afectos los artistas modernos. En ese nivel, que denominamos translingüístico, -nivel a menudo ignorado o relegado por los analistas de la lengua- es donde se instala la fraternidad de las artes, de los artistas.
Julio Cortázar es uno de nuestros escritores mayores, tanto por su significación intelectual como por su maestría expresiva y su manejo del idioma. Ha sabido llevar la lengua, el idioma argentino, a un grado poco común de esplendor y expresividad, incorporando en algunos casos el lunfardo, cultivando sin chabacanería el habla nacional que desde el siglo XIX se afirmó en las obras de Lucio V. Mansilla, Cambaceres, Macedonio Fernández, Cancela, Arlt, Borges y Marechal.
Fue renovador de todos los géneros: el cuento, la novela, el ensayo, la poesía. Menos brillante en el teatro, también lo intentó. (Su obra Los Reyes no pertenece al teatro convencional sino a la poesía escénica). Agudo observador de la sociedad y sus vicios, practicó un humorismo de la mejor ley. Inventó los cronopios y los famas, con una variante, las esperanzas, fauna humana en la cual nos reconocemos en alguna medida todos nosotros.
Como poeta, desarrolló en máximo grado la intuición receptiva, y abrió el lenguaje al máximo de sus posibilidades semánticas y sugestivas.
Su relación con las artes no es circunstancial sino profunda y necesaria a su pensamiento. En efecto, Cortázar ha sido entre nosotros quizás el máximo defensor de lo que hoy se llama la razón poética, que no es privativa del poeta sino en general del artista. Tristán Tzará, el pintor que encabezó el dadaísmo, se preguntaba: ¿Podrá dudarse de que hay un pensamiento en la pintura?
En cuanto a la música, acaso no cabe hablar de un “pensamiento”, pero sí de un logos, un mundo espiritual, un espacio significativo que no pasa por la racionalidad y sin embargo conecta a los hombres en un plano profundo.
Julio Cortázar pertenece de raíz al tipo musical, pero como todo artista genuino se sintió solicitado por todas las artes. Se inclinó a la música como oyente, melómano y conocedor de la música contemporánea, como cultor del jazz (durante su estadía como profesor en Mendoza formó parte de un grupo de amantes del jazz) y por supuesto del tango.
Pero hay algo más profundo en su relación con la música, y es su moldeado en la herencia órfico-pitagórica, que elevó a la música por encima de otras artes, enlazándola con la filosofía del número y con el tema de la salvación del alma. Cortázar ve en el universo la presencia de un orden musical, un ritmo cósmico que se manifiesta en la astronomía, la geología, los reinos vegetal y animal y la constitución psicofísica del hombre. Repite una frase de Arturo Maraso, uno de los maestros que recuerda de su etapa adolescente: : : El mundo era tan solo una música viva. El tema del ritmo lo he estudiado en mi libro sobre Cortázar como determinante de una actitud clásica que preside sus primeras obras, y entra en contrapunto con ulteriores momentos en que se abre paso, a ratos; la visión del grotesco da en el mal y la caída.
Refiriéndose a su propio destino dice en el libro Territorios, tan autobiográfico como todos los suyos: “Al final, sin batalla y solapadamente, las palabras pudieron más que las luces y los sonidos; no fue músico ni pintor, empezó a escribir sin saber que estaba eligiendo para siempre, aunque su escritura guardaba todavía el contacto con los vidrios de colores y los acordes de un piano ya cerrado. Era inevitable que la estética simbolista le pareciera el único camino, que su primera juventud se ordenara bajo el signo de las correspondencias, que la poesía finisecular francesa se mezclara con Walter Pater, con Whistler, con D’Annunzio. Cuando esto quedó atrás y él entró en su tiempo tumultuoso y se supo latinoamericano, no lo hizo con desprecio ni despecho, su corazón guardó el prestigio de las iridisaciones y resonancias (...) Siempre se dará en él, en algo de él, esa hora fuera del tiempo, donde los juegos de luz de un vitral o de una pintura de Nierman, el escalofrío a pleno sol del fauno de Debussy, la resonancia de palabras que laten como un pulso, lo devolverán a una condición privilegiada, a un instante de temblorosa maravilla: otra vez, contra el cielo azul, un fragor de cristales rotos, un olor quemante de sal, un niño que juega con lentes e interroga a los astros” (Territorios, p.110)
Cortázar fue un aficionado al jazz; tocaba la trompeta y admiraba a Armstrong (Satchmo), a Gillespy, a los grandes del género. . Veía en el jazz esa amada combinatoria del ritmo y la libertad, una creación comparable al poema, que también se debate entre la musicalidad que lo ata al ritmo cósmico y la libertad que lo convierte en aventura. El poema es para él un solo de jazz, y esto podría apuntalarse con muchos textos poéticos y teóricos.
Su cuento El perseguidor, dedicado a Charlie Parker, The Bird, es un buen ejemplo de la conjunción de la música y la vida espiritual. Construye un personaje, Johnny, que es un héroe o anti-héroe de la marginalidad, la vida interior y el arte. Johnny es un músico y a la vez una especie de shamán, un experimentador del tiempo. Se hace evidente la fusión del autor con ese personaje tierno y vencido por la droga, un cronopio que definitivamente no entra en la sociedad, así como en Bruno, su partenaire, que reflexiona sobre la experiencia del artista. El diálogo de estos dos personajes que son como las dos mitades de la actitud del autor -su cara creativa y su otra cara inquisitiva, filosófica e incluso científica, que no muchos críticos han visualizado- esboza un planteo que lo ha preocupado permanentemente: suspensión del tiempo, la entrada en otra dimensión a través del arte y fuera de éste. Es un tema propio del artista metafísico, especie a la que Julio pertenece.
Un libro en el que se manifiesta plenamente el tema del ritmo cósmico es Prosa del observatorio, obra que es de las más difundidas del escritor. El punto de partida del libro lo han sido las fotografías tomadas por Cortázar en un viaje a la India, de los restos de un observatorio en desuso, construido por el sultán Jai Singh, para medir la regularidad de las mareas. A ello se une en coincidencia junguianamente significativa, la noticia periodística sobre la peregrinación de las anguilas, que parten de ciertas costas y llegan con pasmosa regularidad, todos los años, a la otra punta del mundo para permanecer sumergidas durante ocho años y volver luego a la luz, una vez incubadas sus ovas. Sin duda, al superrealista Cortázar lo impresiona tanto el tema de las anguilas como la ley cósmica que rige la vida de los mares evidenciando ritmos desconocidos en su origen y sentido. También lo impresiona retomar con sus fotografías la actitud receptiva del sultán ante los fenómenos naturales. Asombro y horror, maravilla y espanto, son las respuestas que suscita la perfección de un engranaje ajeno al hombre, que es ante la conciencia su real alteridad, lo otro no reductible.
Julio se interesó mucho también por la pintura, como lo muestran los libros en colaboración con el pintor Julio Silva o el dibujante Sábat, y su obra Territorios dedicada a los pintores surrealistas. No es por cierto un crítico de arte, ni siquiera un comentarista regularmente abocado a transferir la emoción o el eco de la obra plástica: en ciertos casos toma el cuadro como punto de partida de una interiorización, que lo conduce a evocar momentos de su infancia y otros momentos de su vida. En otros casos combina la descripción, siempre rápida y abocetada, del cuadro, con una extensión imaginaria que le permite identificarse con el pintor, extender su mirada o jugar tácitamente con conceptos que le atribuye.
En el libro del dibujante Hermenegildo Sabat dedicado a Toulouse-Lautrec, inserta una historia inventada que titula “Un gotán para Lautrec”. En consonancia con los dibujos de Sabat, que recrean la pintura del ambiente prostibulario de Montmartre, Cortázar imagina que la francesita Mireille, supuesta amiga del pintor, viene al Plata para convertirse en la Rubia Mireya del tango. Esta transposición le sirve para evocar, nostálgico, a las francesas que vinieron a la Argentina para ejercer su antigua profesión, y a los porteños que soñaron con el éxito en Francia, sin dejar de verse a sí mismo, un poco oblicuamente, a través del tango “Anclao en Paris”.
En Territorios, libro esencialmente visual, Cortázar acompaña una serie de reproducciones de cuadros y material fotográfico con textos que entran en las categorías del humor, la poesía o el comentario reflexivo. La primera impresión que esta escritura produce es la del juego, que induce a mirar los cuadros de Pierre Alechisky desde la óptica de una hormiga que penetra en la trama del color y el dibujo. Creo que esta es una técnica para dispersar cualquier expectativa de lo que se conoce como crítica de arte. Sin embargo el autor entra en varios momentos muy a fondo en el impulso artístico, a través de la identificación con el artista, de la ampliación imaginaria de la pintura, o del paralelismo con situaciones autobiográficas. Se trata, sobre todo, de una aproximación empática. Flota en el libro la valoración del arte como vía privilegiada del conocimiento, y del artista en su protagonismo humano. Despliega también, en tácita confrontación con la psiquiatría, la defensa de la locura que secularmente ha sido asociada a la mentalidad del artista, divorciada de las vías racionalistas y conformistas. No se busque en Cortázar al crítico del arte, sino al artista que vibra empáticamente con la creación de otros artistas.
Más cerca de Rimbaud que de Mallarmé, y más próximo a Keats que a André Breton, Cortázar es el artista adolescente, romántico, clásico-moderno. Su pasión metafísica, tocada por la angustia, se resuelve en una utopía poética que alimenta con vehemencia. Hizo de John Keats una figura -símbolo con la cual se identificó, y tradujo admirablemente su poesía. Pero su contacto con el surrealismo tanto plástico como poético se hace notable en su obra desde muy temprano.
Si interpretamos adecuadamente su drama juvenil Los Reyes, publicado en el 49, vemos claramente su opción romántica y surrealista por Minotauro, héroe oscuro que se impone a Teseo, su matador. En el combate entre la razón y la poesía, entre la luz de la ciencia y la penumbra de la intuición artística, la decisión del joven Cortázar está tomada. Cuando comenta los grabados del austríaco Alois Zötl, sobre animales, nos da a entender que no es preciso inventar una fauna artificial para dar cuenta de lo extraordinario de la realidad: basta con observar, de una manera nueva todo lo existente. Lo maravilloso-real aparece a la mirada dispuesta y receptiva. A Cortázar le han interesado la pintura de Magritte, los paisajes oníricos de Remedios Varo, los collages de Max Ernst.
Pero las cosas no son tan simples. Hay de por medio una búsqueda del sí mismo, que trae consigo la emergencia de una conciencia ética, la revisión del individualismo, la opción de los últimos años veinte años por una participación política que puede no ser compartida pero nunca ignorada en la vida del escritor. Despertó tardía y parcialmente al compromiso histórico, y defendió hasta su último día la libertad creadora. (En ese compromiso debió afrontar dificultades por su defensa de casos particulares como el caso Padilla, y su fidelidad a una razón ampliada).
Tempranamente hizo la crítica de la modernidad, con sus excesos racionalistas y técnicos. Se anticipó a los posmodernos sin caer en el nihilismo de algunos de ellos. Su crítica del racionalismo, el puro cientismo, la mentalidad pragmática, venía de la Razón Poética, no de un europeo cansancio de época.
Como poeta y como latinoamericano sostuvo hasta el final la esperanza y la dignidad del vivir. En el fondo – sin negar su apoyo a Cuba y a Nicaragua – apostaba a una utopía poética, y estaba atento a los aportes de una ciencia nueva. Una sociedad justa – penaba - sólo puede ser construida sobre la base de hombres transformados. Es lo que surge de su obra, y de su invariable amor a John Keats, al que dedicó su máxima admiración, expresa en un libro que es también su autobiografía y su poética.

Graciela Maturo* 5




Recordando a Julio

“Lucho comprendió entonces: el juego no había sido un juego”.
(“Cuello de gatito negro”, de Julio Cortázar)

Veías tu cara en el fondo del lavatorio, turbia como el agua que escupís, aferrado a esa noche de caricias, rasguños y gritos. Pensaste en el relato que ibas a escribir sobre la hoja desnuda que te observa, como te mira ella, también desnuda, esperando el momento que los haga sentirse vivos: a la hoja de papel, a ella y a vos. Los tres metidos en el tiempo, sintiéndose aunque sólo sea un instante.
Hoy, a las seis de la tarde, en el Centro Cultural San Martín, se llevará a cabo un homenaje con motivo de su muerte. El ministro de Cultura, el presidente de la Sociedad Argentina de Escritores y destacados artistas disertarán sobre su obra.
Cuando vino el año pasado no le hicieron ningún homenaje, gritó un hombre de unos cincuenta años delante de los funcionarios, Siempre pasa lo mismo. ¿De qué le sirve ahora que está muerto? Ve señora, ya están sentados en la primera fila mientras nosotros nos deslomamos haciendo la cola. Usted exagera, contestó la mujer con aspecto de directora de escuela primaria. Las jerarquías hay que respetarlas, sobre todo en una democracia. Falta mucho para llegar a una democracia, a ver si se cree que porque votamos vamos a tener un gobierno que piense en el pueblo. No empujen, acá no vinimos a hacer política. Estás equivocado, ahora hay que exigir hechos concretos como sentarnos todos juntos. Hay que pedir cultura, no empujen que voy a aplastar a la señora y todavía faltan subir varios escalones. Esto es peor que los cines de Lavalle. Nosotros los votamos y resulta que están sentaditos, adelante, en los mejores lugares, tomando Coca Cola.
Arrojás el dentífrico y te seguís viendo en ese lavatorio lleno de nostalgia, con un miedo inmenso que no podés explicar. Lo sentís fluir muy adentro, hasta que lo destilás cuando preparás el café‚ y escribís unas horas para hacerle caso a esas ganas de inventar una historia como ésta. Con Lucho que conoce en el metro a Dina, cuando roza intencionalmente su guantecito negro entre montones de manos y codos. Se dicen unas pocas palabras hasta que ella lo invita a conocer su departamento.
A los empujones, como si se tratara de entrar en la popular de una cancha de fútbol, estudiantes, profesores, jubilados e intelectuales subieron por las escaleras y entraron al salón principal. Esto es un desorden, para entrar tardamos más de una hora. No se queje, va a tener seis años para eso. No se puede hacer todo de golpe. ¿No escuchó a la Filarmónica en el Parque Lezama? ¿Y qué me dice de los centros culturales en los barrios? No empujen, el salón es muy grande. ¿A dónde quieren ir? No lo van a resucitar.
― Habría que encontrar las causas ― dijo Lucho― . A lo mejor habría que ir muy lejos, casi hasta el final si queremos encontrar algo juntos.
― No entiendo de qué hablás. Me das miedo, mucho miedo ― dijo Dina.
― Quiero hacer una historia y luego otra y otra ― argumentaste mientras le servías un poco de café.
― Si no subiste por mí, no quiero escucharte ― gritó Dina.
― Nada me sirve fuera del papel. Ni siquiera vos, aunque sea un disparate o una crueldad decírtelo. Te necesito en el espacio en blanco, tengo que escuchar el ruido de la máquina tecleando la trama, en este caso la de Lucho y Dina. Sólo así encuentro la puerta de este cuarto, la perilla de luz, la ventana y a vos, aunque tus cinco dedos busquen ahora enroscarse en mi cuello.
― Te dije, te dije que no soy un personaje de tu historia ― gritó ella.
― Ayudame a encontrar la lámpara o unos fósforos. Tienen que estar en la mesa de luz, no quiero seguir tanteando a oscuras. ¿Dónde estás? ―exclamó Lucho.
― Tu mano se cerró sobre la garganta de Dina, como si apretases un guante o el cuello de un gatito negro, hasta que la soltaste porque te dolía el pecho y no podías respirar.
― No encuentro el final de esta historia ― le dijiste―. Por más vueltas que le dé, no me convence.
Jadeabas, quisiste incorporarte para buscar la luz del velador y seguir escribiendo, pero no pudiste. Un dolor profundo te oprimía el pecho y las ideas se te mezclaban. Ya no sabías si esa mujer que estaba con vos era ella o Dina, si vos eras vos o Lucho.
No me queda tiempo, siento que se acaba y me parece que las ideas que pasan por mi mente ya las escribí. Es hora de hacer un cuento sin final. A lo mejor sería mucho más interesante escribir un relato donde los personajes y los hechos recomenzaran y no concluyeran.
Ella pareció no entenderte. La fiebre formaba gotas en tu rostro, esbozaba nuevas historias, trayendo antiguos cuentos. Un intenso frío se apoderó de tu cuerpo. Después de un profundo jadeo, caíste hacia atrás. Tus ojos inmóviles traspasaron la ventana. Habías muerto.
Al comenzar el acto, el locutor dijo: "No murió. La noticia es totalmente falsa. Fue comunicada por inescrupulosos. Seguramente alguna editorial con el fin de aumentar las ventas de sus libros. Quizás por periodistas que quisieron escribir columnas sobre su muerte. Tal vez por alimañas que siempre andan buscando historias. Qué mejor cuento que el de su muerte".
El público miraba ansioso. Los aplausos y los vítores estallaron cuando el locutor anunció que estabas allí para desmentir tu muerte y leer el último de tus cuentos inéditos.
Cuando saliste al escenario, la gente vio a ese hombre alto que con voz ronca refería: "He llegado desde París para desmentir mi muerte y de paso contarles mi último cuento. Pensé terminarlo en el avión, pero el sueño y las preguntas de los pasajeros pudieron más. Les confieso que la noticia de mi muerte me asustó, pero ya estoy mejor. Después de este encuentro me iré a la casa de Banfield donde me espera mi familia. El lunes comenzaré el profesorado de letras. Los sábados relataré box desde el Luna Park. Dentro de unos años viajaré a París donde escribiré mis novelas. También llegará el momento de conocer Nicaragua y disfrutar el hermoso amor de Carol. Más tarde vendrá ese supuesto final donde muero por una injusta enfermedad. Pero ya ven que no es cierto, que es obra de algún escritor entusiasmado con finales trágicos. A esta altura de mi vida prefiero los cuentos sin final".
Veías tu cara en el fondo del lavatorio, turbia como el agua que escupís, aferrado a esa noche de caricias, rasguños y gritos. Aun no habías leído el diario que anunciaba que varios escritores hablarían en tu homenaje en el Centro Cultural San Martín.

Omar Ramos* 6


Microficciones


Riguroso silencio

Ella cantaba en riguroso silencio, cantaba en sueños envuelta en las palabras que los sueños prestaban como guantes oscuros.
Empezaba otra vez todas las noches la misma canción: los pasos torpes, los ojos dormidos, arrojada violenta, a contraviento, por la luz exterior.
Ella fuera de la luz fuera del mundo, ella sin casa sólo con un guante para apretar gargantas de mudez. Ella sentada a la orilla de su canción, como el pescador sobre el agua vacía.



El cartel

El cartel cuelga en el primer piso de la casa de altos desde hace muchos años. Tapa las ventanas y las habitaciones vacías; tapa las luces de los automóviles y la velocidad de los seres que van perdiendo piernas y brazos, zapatos y relojes, a medida que la noche les esconde las calles y los patios en donde caminaron los muertos.
Sobre el cartel hay voces en jirones, caras despedazadas de candidatos al poder, anuncios de un jabón que borra todas las manchas, la sombra de unas vacaciones en la montaña donde el nivel del mar es apenas un sumergido recuerdo del invierno.
Por la mañana el sol envejecerá los colores y secará las capas de papel que se han hecho una sola, compacta e indiscernible como la piedra. Alguien tratará de leer en vano las primeras palabras, hasta que otra vez la noche pula el cartel y lo asordine como una pista de baile, golpeada por pasos invisibles.

María Rosa Lojo* 7

POESÍA Y PINTURA

En su libro de ensayos En defensa del fervor, escribe Adam Zagajewski que a menudo los poetas miran con envidia a los pintores y escultores, por el carácter material de sus quehaceres y la solidez de sus talleres. Que los poetas creen que pintores y escultores están mejor preparados para los días malos -aquellos que no aportan ningún progreso significativo en el trabajo ni ofrecen momentos de iluminación-, porque pueden dedicarse a los preparativos, como barrer el taller, limpiar los pinceles o dar fondo a una tela. Cuenta que un maestro suyo decía que en esos días flojos, de bajo rendimiento, había que pintar “bodegones”. Bodegones, se sabe, son las pinturas donde se representan cosas comestibles, vasijas, cacharros, utensilios, a las que también se da en llamar: naturalezas muertas. Parecería, por el contrario, que la poesía no admite dichos estadios intermedios. Que su apuesta es a todo o nada. Pues, qué comparación puede establecerse entre preparar el fondo de una tela y sacar punta al lápiz o encender la computadora.
De entrada, poesía y pintura en nada se parecen. La pintura tiene un soporte material absolutamente superior al de la poesía: pintura, tela, espacialidad, presencia física. Todo eso la poesía tiene que producirlo a través de las palabras; es decir: tiene que sugerirlo mediante imágenes que son tributarias del lenguaje verbal. Su presencia es, por lo tanto, virtual. Sin embargo, poesía y pintura tienen infinidad de puntos de contacto. Son, podríamos decir, primas hermanas. Los avatares de la modernidad las han conmovido por igual. La indiferencia y las espaldas del público también. Por momentos, parecería que poetas y pintores han quedado solos en sus gabinetes y que los frutos de su trabajo están llamados a ser confrontados con su propia conciencia o dentro de un círculo de iniciados.
Ahora que para la pintura ha desaparecido la dependencia de la representación, y que la poesía se ha liberado de la obligación de cargar los hechos en un sistema nemotécnico constituido por estrofas, versos, rimas y ritmos, ambas persiguen lo mismo: dar presencia a lo indecible, poner en acto lo inexpresable, o su antípoda: sobrecargar los trazos de lo real con el sólo propósito de ponerlo de manifiesto ante los ojos distraídos o complacientes del público lector o espectador. Hablar, en suma, en los tajos donde se expresa el silencio o en el platillo opuesto de la violencia o la deshumanización. Claro que esto supone reconocer en ambas la condición de ser un arte. Y qué es y qué no es arte es un pregunta moderna. Lleva implícita la idea de la autonomía del arte. Esto es: que el arte no es el soporte de algo ajeno. Que ni la poesía ni la pintura dicen algo que preexista a su propia realización. Se dicen a sí mismas, en sus propios lenguajes y no a través de ellos.
Hablar, entonces, de las relaciones entre poesía y pintura es tanto como partir de la autonomía de ambos quehaceres y ver en ellos fenómenos de algún modo puros, independientes, autorreferentes. Uno, la poesía, con asiento en las palabras y en la latitud de la hoja en blanco, o bien, puesto a ser expresado mediante el recurso más antiguo de la oralidad; el otro, la pintura, con asiento o no en una superficie -los medios o soportes pueden ser variados, aún conceptuales, cinéticos, etcétera-, y en la modulación de las formas y el color. Los dos impulsados por un mismo propósito: ocuparse, en primer lugar, de ellos mismos y, recién en un segundo momento, de la naturaleza exterior. Esto trae como consecuencia que las diferencias pueden no haberse desvanecido, pero sin duda se han achicado.
Desde otro punto de vista, ambas han establecido con el público una relación difícil. Tanto el lector como el espectador, que buscaban en el arte una sublimación de la realidad, se sintieron desconcertados por obras que consideraron abstractas, ininteligibles, portadoras de un mensaje que no alcanzaban a dilucidar. Basta recordar el esfuerzo de unos y otros por saber qué significa una obra, qué quiso decir el autor, sin llegar a comprender que ese sentido que buscan objetivado en la obra debe ser el fruto de su participación activa y de su compromiso vital. Porque una obra de arte no debe tanto significar como ser. Es una presencia con la que se las ha visto el autor, al tiempo de su realización, y con la que se las deberá ver el lector/espectador en una segundo momento.
La historia del arte moderno –comprendida en esta noción la poesía y la pintura- da muestras de que a mediados del siglo XIX se produce un cambio notable que lanza a sus artistas en busca de un absoluto que, en poesía, sienta las bases de lo que luego se llamaría la poesía pura, con sus derivaciones en la poesía hermética, y en pintura a la composición sobre un plano que no se trata de disimular –en algún caso, como en Cezánne, opera como acicate de la pintura-, y que luego conduciría a la abstracción (Kandinsky: Primera acuarela abstracta, 1910), con sus pasos por el impresionismo y el cubismo. Un tipo de arte y un tipo de artista que, lejos de toda relación vicaria o de servicio, trataba de entronizar la obra como un objeto nuevo sobre la tierra. Un testimonio de sí misma, llamado a sumarse a lo existente y no a representarlo. A partir de Mallarmé, en poesía, y de Manet en pintura –que dan un portazo a toda dependencia del imperio del poder, del altar y de la nobleza- nace un artista nuevo, independiente y responsable sólo ante sí mismo.
Esta pérdida o desconcierto en cuanto al público se refiere produce otro fenómeno que también les es común a poesía y pintura. Se trata de la entrada en escena de un nuevo sujeto que media entre el autor y el lector/espectador: el crítico. Hoy el valor de una obra es menos fruto de la decisión de su destinatario, sea lector o espectador, que del crítico que destaca, acentúa y vivifica sus claves, a lo que se suma el aspecto venal del mercado. Lo cierto es que hoy se requiere de una atmósfera de teoría artística: Greenberg para las vanguardias del siglo XX, Romero Brest para la experimentación sesentista en nuestro país, Piglia para el redescubrimiento de Macedonio, Saer o Aira en Narrativa, Pezzoni para Girri.
Ahora bien, como se trata de algo vivo, abierto, hijo del tiempo y de la historia, animado por las pasiones, deseos y sueños, también esta mirada tiene fin. A épocas de cerrado cálculo le siguen períodos de gozosa intimidad, al propósito de pureza le sigue la mirada cargada y revitalizadora de la impureza, al orden le continúa el desorden –o la aventura, como sentenciara Apollinaire-. Y entonces tenemos que, en ese corsi y ricorsi, en este aprendizaje y desaprendizaje, lo que se da por muerto reaparece y lo que se tenía por agotado renace con una energía refrescante. En poesía, la dicción de la experiencia, la transposición del caos urbano, los giros coloquiales, las palabras gastadas por el uso a expensas de las prestigiosas salidas de la tradición literaria, todo ello es muestra de que la poesía ha vuelto a la calle a buscar su energía y significado. Por su parte, las instalaciones, el arte de concepto y el arte del cuerpo, que, hijos de un Duchamp redivivo vuelven una y otra vez a poblar el escenario de la plástica con sus operaciones interpretativas, tienen en la plástica el mismo significado: son intentos de copiar la vida y de reinstalar la pintura entre los hombres, rehuyendo lo sublime que éstos no han podido o no han querido alcanzar.
¿En qué se unen, clara y definitivamente? En que ambas estéticas, trabajando en los márgenes de lo dicho, de las grietas de lo inexpresable y aún de lo impensable, echan luz, completan, suturan, la esfera espiritual de lo humano, al tiempo de constituirse en testimonio de un tiempo y lugar. En ese abrir y cerrar, en ese sístole y diástole de toda obra humana, en ese descifrar lo confuso y volverlo a cifrar en una pieza verbal o plástica, se cumple la tarea de poetas y pintores, en un mundo que no pide nuevas obras –quizás siente que las que hay ya son bastantes- pero que, a poco que se encuentra con ellas, ve un reflejo de su propia condición, que ninguna otra actividad material o espiritual puede dar.
Ni poesía ni pintura son inmunes a su tiempo y, en consecuencia, muestran de manera refleja la realidad de un mundo cambiante y de una mentalidad cambiante. Un mundo globalizado, en el que las traducciones e información llegan más rápido que el contacto entre los artistas, produciendo creatividad tanto por mimesis y asimilación como por antítesis y rechazo. Todo lo cual obliga a una permanente redefinición de la teoría artística, pero, a la zaga, de un no menos vertiginoso aprendizaje y readecuación del gusto por parte del público lector/espectador.

Rafael Felipe Oteriño* 8


Las armas y las letras

Es su revolución, ya no hace falta
Compartirla con nadie. Está cercado.
Con la victoria, inevitables, llegan
las transacciones y los ministerios.
Escritorios canjeados por fusiles
para llenar planillas, poner sellos
y presupuestos, planes quinquenales,
la diplomacia y las ejecuciones.
La derrota es la síntesis tardía
su moneda, la sangre, colabora
con la hipnótica, austera economía
que los tiranos símbolos exigen.
Tienen hambre y sed, están perdidos.
Las cosas fueron mal desde el principio.
De nuevo: “Esta es la historia de un fracaso”.
Descubrir la sorpresa repetida
de que hay una alegría inesperada
en resumir los signos del espanto
en dejar a la catástrofe que dicte.
La victoria no sirve por escrito
La han echado de la estética del siglo.
Es el héroe y acaso no le bastan
los confusos combates. En la selva
falta el agua y sobran delaciones.
Escribe su meditada desconfianza
por la palabra escrita, el negativo
de la acción. Levanta al guerrillero
sobre el literato, ultimo capítulo
del combate entre las armas y las letras.
Una emboscada. Lo toman prisionero
A los demás los fusilan antes.
Ya no puede escribir. Pero no hacen falta
las libretas, el lápiz, ahora otros
escribirán por él. Ahogado, herido
debe elegir palabras con cuidado.
La memoria respeta los finales.
Todo será conservado. Es la última
Escena del acto quinto. A su verdugo
le dice que apunte bien, a ese sargento
que vacila, tiembla, que está esperando
la cancelación de la orden, que no quiere
la maldición, el don, el privilegio
el salvoconducto sangriento de la Historia.
Apunta bien, le dice, yo no puedo
apuntar nada. ¿Y el papel y el lápiz?
¿Dónde vas a guardar este instante,
la sentencia que vale más que el diario,
el epigrama final de la aventura?
Apunta bien: vas a matar a un hombre.

Pablo De Santis* 9

Poemas del libro Hormigablanca




Hormigón es el concreto. Concreto: cemento
arena, piedra y agua.
Hormigón simple = concreto
Hormigón armado = concreto + hierro

Hormigón es el concreto
La hormiguita es la indefinida

***
Por mi miedo
llegan hormigas blancas
sobrevuelan moscas
babean caracoles

Es necesario temblar
en cada respiro
para resistir
la vida

***




Límite de la finitud del tiempo

Iré bajo la tierra
hasta el magma
y ahí
entonces
pondré a las hormigas
bajo la canción de la lluvia
que cantaba con mis hermanos

***
Sobre la mudez de mi boca nada
Sobre mi boca la mudez
en partes de mi cuerpo

Ya es hora de usar mis órganos
de alimentar la lengua
de explotar en lenguaje



Luciano Fernández* 10 Contacto con el autor: vallebotanico@hotmail.com



Este juego que jugamos

a mi mujer, Laura.

algo de tu inocencia
de falta tiempo, de madera jóven que somos
se abraza con mi torpeza de Hombre, de
músculo ciego, que no comprende tu
lamento ancestral de hembra atenta
y te abrazo y te espero desde mi incomprensión
distraída que se ocupa de lo que no importa
mientras la vida se revela en vos y en tus
lágrimas que no aceptan excusas
Luego, algo se asoma, cerquita como un beso
y entrecorta el aliento de tu llanto dejando un
espeso olor a piel tibia
con una ternura de niño nos envuelve
y nos perdona el aún no saber este juego que jugamos
nos observa desde la distancia, entretenida, con
los ojos llenos de "llegarán algún día"
y después se aburre de nosotros o tiene que hacer
y nos olvida dejándonos solos en nuestro
pequeño mundito de susurros.

Martín Kasañetz* 11

El Rey de los Gitanos

Más allá del monte de los naranjos,
en el pueblo grande, la fiesta sigue:
pasodoble , vino y mujeres,
Francisco de los Burdeles
a la orilla del río tu pueblo espera;
y en un altar de la Macarena
ornado de rojos claveles,
a la vera de una candela,
Quedito, quedo, solloza
una gitana morena

Bajo el cielo estrellado
tu pueblo sueña y espera
si tu los guías no tienen miedo;
sin ti no viven, sólo en ti creen
Francisco de los Burdeles

Apasionados, alucinados
¡Ay! No sea que una navaja...
¡Ya vuelve! Allá viene Francisco
por el desfiladero
montado en su jaca blanca y cinco corceles

Pasodoble, celos, mujeres,
frenesí de luna llena,
navajas con sangre,
locura de castañuelas,

¡Francisco de los Burdeles!
Al pie de la Sierra Grande
y a la verita del río tu pueblo espera.

María Laura Guevara* 12

Huellas

Marea baja, mar calmo
Que muestra
huellas arqueológicas,
huellas de antepasados milenarios
Hoy camino por la playa
Y descubro otras huellas
de gaviotas, caninas
pero las más curiosas
son las humanas
cada pisada engendra
una historia distinta:
cuantos pensamientos
dispersos por la mente
cuando caminan por la playa
mirando ese mar profundo
lleno de misterio
Con diversidad de colores,
olas mansas y bravas
en el vaivén nos dejan
sin huellas en arenas doradas
solo las milenarias
testigos que siempre
habrá HUELLAS.

Inés Iriarte* 13

TIEMPO

No se compra ni se vende; sin embargo es muy codiciado.
Es enemigo de la ansiedad y muy compinche de la esperanza.
Es milagroso: cura el alma y cicatriza heridas.
Nos redime, calma y abre las mentes.
No es Dios y sin embargo todos le rezamos.
Es universal, no tiene género, no discrimina.
Es imprescindible pero cada uno lo toma y lo usa según sus necesidades.
Lo vemos pasar y nos damos cuenta de su existencia cuando miramos el espejo, observamos a nuestros hijos y nietos, o buscamos a los que no están.
A veces nos hiere y otras, nos alegra.
No se mide con relojes o almanaques, solo usamos el alma o el corazón.
En algunas ocasiones le pedimos que corra, que acelere su paso, y en muchas otras le rogamos que espere, que sea piadoso, que nos deje gozar o llorar un poco más.
Tiene claros y oscuros, según esté uno para recibirlo.
Es el que nos acerca a los otros.
Es el que nos hace ver que crecimos, que somos independientes y fuertes.
Nos da seguridad cuando nos afirmamos a la Tierra o tomamos nuestras propias decisiones.
Tiene pasado, presente y futuro, como los verbos, y como tal, lo conjugamos, según sea nuestro ánimo.
A veces lo odiamos, tal vez, porque pasó y no lo valoramos en su vuelo.
Pero, casi siempre, brindamos cuando llega con su manto de esperanza y sosiego.
Nos aprieta el pecho y sentimos que nunca se irá, pero luego, con su sabiduría, trae calma y alivio.
Es el TIEMPO.
Todo lo puede.
Y nos alegra, porque significa que estamos vivos, y eso -créanme- no tiene precio.

Graciela Tacconi* 14



Yolí Fidanza, La doncella del Huillallaco, Premio Casa de las Américas 2009
Entrevista por Nicolás Antonioli




Poeta, narradora, durante la década del 90 se dedica a la investigación de vida y obra de mujeres universales. De nacionalidad argentina, nació y reside en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Su temática preferencial, visión poética de lo femenino en relación con el tiempo, el amor y la ausencia. El tema de la mujer como pre-texto de su poesía en gran parte de su obra. Considerando que la mujer es la mitad ignorada de la historia de la humanidad sus textos tratan de contribuir a exaltar valores de la vida y la obra de mujeres de todos los tiempos, personajes míticos del mundo antiguo, reinas el medioevo, mujeres de la historia del mundo moderno. De la actualidad poetas, artistas, científicas, luchadoras por la libertad, y por los derechos, víctimas de violencia o de fundamentalismos. Su libro_El Universo de Ramona Montiel_recrea el personaje protagónico de la obra plástica del maestro argentino Antonio Berni. Y espera publicarse en este año como homenaje al centenario de su nacimiento. Ramona Montiel es figura paradigmática, representante de existencias reales, propias de Latinoamérica, muchacha marginal que nacida bella transcurre su vida entre un barrio pobre y una “villa miseria” y que después de intentar una vida honesta termina prostituyéndose… Su novela La prometida del señor de la montaña o La doncella del Huillallaco recibió el Premio Casa de las Américas 2009, en la categoría "Literatura para niños y jóvenes". El jurado consideró que esta obra "aborda la tradición incaica con una visión original sin caer en estereotipos comunes a esta clase de temas [y] humaniza un ritual iniciático a través de un lenguaje conciso que genera imágenes con resonancias perdurables, y [nos] transporta a una realidad lejana en el tiempo, sin perder una conexión emocional con el joven lector contemporáneo"_(del acta del jurado)._Casa de las Américas (La Habana, Cuba),_que celebra este año el quincuagésimo aniversario de su fundación, es la institución más importante de promoción y difusión de la cultura hispana y latinoamericana. Un extenso estudio crítico de parte de su obra poética se encuentra en: http://www.elmurocultural.com/cperezmartin07.html.




Yolí, ¿Hace cuánto que escribe y con qué propósito?




Escribo desde la edad a la que he dedicado la nouvelle premiada, 11 o 12 años. Desde entonces lo hago porque el ejercicio de la escritura ha sido siempre para mí una actividad gozosa, por mucho tiempo casi secreta, sostenida durante toda la vida, la escritura y la lectura, por supuesto. Por otra parte cumplí primero con mi vocación biológica, tengo una familia numerosa. Así fue que recién empecé a publicar con hijos adultos, mi primer libro es de 1991 el décimo de 2007.




Usted, se podría decir, que cultiva la literatura infantil en todos sus géneros ¿qué razones tiene hoy una escritura dirigida a este público?




No me considero una escritora de “literatura infantil” sino una escritora que aborda los géneros llevada por la inspiración, lo que resulta y para qué tipo de lector depende del tema , del lenguaje o la forma que el tema que me ha inspirado necesite, busco que el poema o la narración emocione, despierte sentimientos, sea el lector un niño, un adolescente o un adulto.




¿Qué está escribiendo Yolí Fidanza hoy?




¿Qué escribo hoy? Cuento, narraciones , poesía, una crónica sobre la visita al taller de Poesía “Historia de Soledades” que dirige Susana Valente en la Unidad Penitenciaria N º 2 de Rosario en la que veinte poetas de diferentes países invitados al XVI Festival Internacional de Poesía de Rosario leímos nuestros poemas y escuchamos los poemas de los internos.




Refiriéndonos a la nouvelle premiada ¿Qué nos puede decir sobre el argumento de esa historia? ¿Qué obsesión ha disparado su escritura? Por el título se vislumbra una literatura que trata acerca de los pueblos originarios, qué de cierto hay en esta suposición? Por favor nos podría dar una reseña sobre los orígenes del título y sobre este lugar que nombra: el Huillallaco.




En 1999 leí la información de que una expedición de antropólogos y geógrafos había descubierto en el Cerro del LLuillallaco o Huillallaco de Salta, Argentina a 6000mts. de altura, entre nieves eternas tres momias en perfecto estado de conservación que correspondían a una púber de quince años y dos niños, una chica de nueve y un niño de unos seis años. La joven vestía la ropas de sacrificio por lo que se supone que fue sacrificada en la montaña hace alrededor de 500 años para el tiempo de la llegada de Pizarro al Perú . Los estudiosos sostienen que llegaron al lugar desde el Cuzco, caminando por lo menos un año. La historia me persiguió y me hice muchas preguntas, fui escribiendo ideas que me llevaron a imaginar una ficción ya que el hecho en sí es extraordinario, imaginé que en un camino de 1200 Kms la expedición de, supuse sacerdotes, hechiceros, gentes de rangos distintos debieron vivir hechos extraordinarios y sortear peligros extremos. La novela gira alrededor del destino de siete doncellas que tomadas del Templo de las Vírgenes viajan hacia Salta por el Camino del Inca, como una sola deberá desposarse con el Señor de la Alta Montaña las otras seis morirán sin alcanzar la cima. Por supuesto que escribir la novela tuvo un trabajo de investigación alrededor de diversos aspectos de la cultura incaica. Como las protagonistas centrales tienen entre doce y quince años resultó que esa es la edad (algo menos o más, según el lector sea de un pueblo o una ciudad) la edad del lector ideal de la novela, que por otra parte puede interesar a adultos que no busquen los elementos de sexo y violencia comunes en la novelística actual sino que les interese conocer el modo de vida y la cultura de un Imperio riquísimo, regido por un poder central que se extendió de Norte a Sur del sistema andino durante una centuria y fue exterminada con la conquista y cuya organización social, ritos religiosos etc. aparece en la novela creo que con bastante realismo.

Así escribe Fidanza en La doncella del Huillallaco (Fragmento de la 2ª Parte, Historias de amor)




La historia emocionó a todas las muchachas y les trajo el recuerdo de una leyenda de amor, que había tenido un final trágico. La protagonista se llamaba Anhayansi …., belleza de piel morena, curvas firmes, ojos azules, largas trenzas azabache, vestida siempre con un ligero lienzo rojo sostenido a la cintura con una cadena de oro. Muy joven y atractiva, se había hecho enterrar viva junto al esposo, no sólo para demostrar el amor que le tenía , sino para castigar al asesino, un colla* lujurioso que la había difamado porque la pretendía sin esperanzas. Hacía tiempo que alimentaba hacia ella una malsana pasión y con el propósito de poseerla había dado muerte al esposo hiriéndolo con una flecha envenenada. Las cinco niñas comprendieron esa noche la diferencia entre los sentimientos felices y las sanas emociones que ofrece el buen amor y la desdicha y peligros de las pasiones, de las conductas lujuriosas que suelen determinar la desdicha de los amantes.
Como el amor era el asunto que más les interesaba, las muchachas hicieron preguntas difíciles de contestar directamente, por lo que la noche siguiente la madrina de Kimey les relató la historia de una indiecita demasiado ostentosa de su belleza y aspecto: Inkuy se pintaba los labios con jugos de frutos rojos, se dibujaba las cejas y ojos con carbonilla , como lo hacían las esposas del Inka. Caminaba balanceando adrede las caderas logrando que las formas de su cuerpo adolescente llamaran la atención de los varones. Parecía que esa conducta era normal para su carácter pero sucedió que resultó provocadora para un colla de instintos exaltados que trató de violarla y no lo logró gracias a la intervención de un compañero respetuoso. La macaona agregó: que ninguna conducta debería estimular los bajos instintos, pero que a veces sucedía y era por eso que las madres y las madrinas debían educar a las niñas en la modestia en el vestir, ya que si era bueno cuidar el cuerpo como el espíritu, era aconsejable que mantuviesen el recato propio de la mujer ya que uno de sus destinos, acaso el más importante , era parir hijos con un esposo que las amase y las ayudase a criarlos y educarlos por lo que se debía evitar una preñez derivada de un acto violento.







Notas al pie:




*1 Escritor, autor de cuentos y novelas que recibieron, entre otros, el Premio Municipal de Novela Inédita bienio 1996-1997, el Premio Fundación Antorchas y el Premio Fortabat. Es colaborador del Diario La Nación, conduce talleres literarios y ha dictado numerosos cursos sobre narrativa.

*2Licencia da en Historia y escritora. Ha publicado más de una docena de libros y se ha desempeñado como directora de numerosas instituciones culturales argentinas.
* 3Profesora en Letras y miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritores de San Martín (Prov. de Buenos Aires).
* 4Poeta. Ha publicado dos libros y fue seleccionado para diversas antologías. Ejerce la vicedirección de esta revista.
* 5Poeta, ensayista y profesora universitaria, se ha desempeñado como Investigadora del CONICET y asesora de editoriales. Dirigió las revistas de poesía Azor (Mendoza, 1960-1965) y Megafón, (1975-1989) órgano del Centro de Estudios Latinoamericanos que fundó en 1970. Su obra ha merecido numerosas distinciones.
* 6Escritor, secretario de la Fundación Victoria Ocampo. Su última publicación en la novela El último pecado (Planeta, 2008)
* 7Escritora e investigadora del CONICET especializada en Literatura Argentina. Es autora de casi una veintena de libros.
* 8Poeta platense radicado en Mar del Plata. Es Miembro Correspondiente de la Academia Argentina de Letras.
* 9Escritor argentino nacido en 1963. Ha publicado más de una quincena de libros, entre ellos, la novela El enigma de París por la que recibió el Premio Planeta.
* 10Escritor y cineasta nacido en 1982. Estos poemas pertenecen a su libro Hormigablanca (Airediseño Ediciones, 2007).
* 11Escritor argentino nacido en 1978. Publicó la novela Gallino (Ediciones Fundación Victoria Ocampo) en 2007, y ha colaborado en diarios y revistas nacionales y extranjeras.
* 12Escritora cordobesa, autora de San Marcos Sierras del Ayer y Cuentos para leer en San Marcos. Actualmente està trabajando en el segundo tomo de San Marcos Sierras del Ayer y en un libro de poemas.
* 13Poeta cordobesa radicada en Monte Hermoso. Este trabajo fue leído en una de las rondas del XV Encuentro Nacional de la Poesía y el Mar.
* 14Nacida en Buenos Aires, en 1949, dedicó muchos años de su vida a la docencia y a las artes plásticas, Recientemente, incentivada por su nieta, empezó a escribir.